Estados Unidos También Canta en Español
Un día frío de diciembre de 1929, en un restaurante de Harlem, un compositor puertorriqueño que extrañaba el calor de su isla se acercó a un piano casi desarmado y escribió «Lamento Borincano». La música latina en Estados Unidos es la tradición de canciones en español compuestas, grabadas y cantadas dentro del país desde comienzos del siglo XX.

Esa canción nacida de la nostalgia es uno de los capítulos más conmovedores de la historia de la música latina, y también una de las grabaciones que la Biblioteca del Congreso conserva en su Registro Nacional de Grabaciones, la selección de sonidos que el país considera dignos de preservarse. No está sola en esa lista. La acompañan otras grabaciones en español hechas en suelo estadounidense, y cada una llegó hasta ahí por un camino distinto.
Mientras recorres esta historia, también puedes poner a prueba tu oído con el reto musical que cambia cada día.
Cada año, entre el 15 de septiembre y el 15 de octubre, Estados Unidos celebra el Mes de la Herencia Hispana. La fecha de inicio coincide con la independencia de Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua, y al día siguiente llega la de México. Pero la música no esperó a ningún calendario oficial: mucho antes de que existiera esa celebración, el español ya sonaba en las tiendas de discos de Harlem, en las plazas de San Antonio y en los salones de baile de Broadway.
Lo que sigue no es un inventario de récords. Es un relevo: personas que se pasaron la música de mano en mano, muchas veces sin saberlo, desde el East Harlem de los años veinte hasta la cima de las listas estadounidenses.
Primero, la canción que nadie iba a pasar por radio
Antes de volver a 1929, conviene escuchar hasta dónde llegó esta historia. Esta canción tradicional mexicana se grabó en 1958 como cara B, porque su productor estaba convencido de que ninguna emisora la programaría. En 1987, en manos de una banda del este de Los Ángeles, terminó en lo más alto.
La banda sonora de 1987 que incluyó esta versión de «La Bamba» vendió dos millones de copias en Estados Unidos, y el videoclip de Los Lobos ganó un premio MTV en 1988.
Una Hermana, una Tienda y un Piano Desvencijado
La tienda que le regaló tiempo a un compositor
Rafael Hernández nació en 1892 en Aguadilla, Puerto Rico, y aprendió música en las bandas municipales de la isla, que en esa época suplían la falta de escuelas de música enseñando a chicos de familias sin recursos. Así pasó por la corneta, el violín, el trombón, la guitarra y el piano. Durante la Primera Guerra Mundial cruzó el Atlántico como integrante de la banda del 369.º Regimiento de Infantería, que dirigía James Reese Europe: un conjunto de músicos afroamericanos y puertorriqueños que ayudó a que el jazz se escuchara en Francia.
A la vuelta, su vida fue un ir y venir: tocó jazz en giras por Estados Unidos, dirigió la orquesta de un teatro de La Habana y formó el Trío Borinquen. Pero cuando necesitaba un lugar donde sentarse a escribir, lo encontraba en Nueva York, gracias a su hermana.
En 1927, Victoria Hernández abrió en East Harlem Almacenes Hernández, posiblemente la primera tienda de música de propiedad puertorriqueña en Nueva York. La tienda sostenía a la familia y le daba a Rafael algo que casi ningún músico migrante tenía: tiempo para componer. Victoria, además, trabajaba como representante y agente de contrataciones de su hermano, y el local se convirtió en punto de encuentro de los músicos del barrio.
Aquella primera tienda se vendió en 1939. En 1941 Victoria abrió otra en el Bronx, que en 1969 pasó a manos del compositor Mike Amadeo con el nombre de Casa Amadeo. El Servicio de Parques Nacionales la describe como la tienda de música latina con ocupación continua más antigua de la ciudad.

Una grabación con una estrofa de menos
Según contó el propio Hernández, aquel día de diciembre de 1929 estaba en un restaurante de Harlem recordando con unos amigos el calor de Puerto Rico cuando vio un piano arrinconado y empezó a componer. La canción cuenta la historia de un jíbaro, un campesino, que baja feliz a la ciudad a vender su cosecha, pasa la mañana entera sin que nadie le compre y regresa preguntándose qué será de su tierra y de su familia.
El 14 de julio de 1930, Canario y su Grupo la grabó por primera vez para RCA Victor en Nueva York. La voz principal fue la de Pedro Ortiz Dávila, «Davilita», que tenía 18 años y debutaba ese día en un disco. Hubo tanta prisa por grabarla que la versión quedó incompleta: según Alejandro «Chalí» Hernández, hijo del compositor, Canario no le dio tiempo a su padre de terminar una de las estrofas.
La estrofa perdida no frenó nada. El disco impulsó al mismo tiempo las carreras de Hernández, de Canario y de Davilita, y la canción se volvió un himno no oficial para los puertorriqueños de la isla y de la diáspora. El musicólogo Francisco López Cruz, que tocó con Hernández, recordaba que se vendió en toda América Latina porque el campesino de la canción se parecía al de muchos otros países. Con el tiempo la grabaron Daniel Santos, José Feliciano y Marc Anthony, un neoyorquino de raíces puertorriqueñas.
🔗 Relacionado: Hernández escribió su lamento en ritmo de bolero, el género romántico nacido en Cuba, el mismo al que pertenece «Preciosa», otra de sus canciones más queridas.
Daniel Santos, estrella del bolero en toda América Latina, figura entre los intérpretes que mantuvieron viva «Lamento Borincano» mucho después de aquella primera grabación apurada de 1930.
El Niño de Harlem Que Aprendió Piano con Victoria
Los vecinos, el tambor y una maestra de piano
Tito Puente nació en 1923 en Spanish Harlem, hijo de padres puertorriqueños. De chico, lo que más lo atraía era la percusión, y golpeaba con tanto entusiasmo que las quejas de los vecinos terminaron convenciendo a su madre de que lo mejor era mandarlo a clases de batería.
Antes de los tambores, sin embargo, hubo un piano. Tito empezó a estudiarlo a los ocho años, y una de las personas que le enseñó fue Victoria Hernández, la hermana de Rafael: la misma mujer que le había comprado tiempo al compositor de «Lamento Borincano». La cadena ya estaba en marcha, aunque ninguno de los dos lo supiera.
El chico tenía energía para todo. A los doce años armó un número de baile con su hermana Anna, inspirado en Fred Astaire y Ginger Rogers. Siendo todavía muy joven ganó diez dólares en un concurso por reproducir nota por nota el solo de batería de Gene Krupa, su ídolo, en «Sing, Sing, Sing». Y a los quince algunos ya lo llamaban «el Niño Prodigio», según reconstruye un ensayo publicado por la Biblioteca del Congreso.

Los timbales pasan al frente
A los diecinueve entró en la orquesta de Machito, la más importante de la música latina de esos años, y poco después cumplió su servicio en la Marina, donde llegó a dirigir la banda del barco. Al volver estudió en la Juilliard gracias a los beneficios educativos para veteranos conocidos como GI Bill, y consiguió sus primeras tardes de domingo con banda propia en un salón nuevo de Broadway: el Palladium.
Entre 1948 y 1966, ese salón de la esquina de Broadway y la calle 53 fue la meca neoyorquina de la música de baile afrocaribeña. Tito compartía el cartel con Machito y Tito Rodríguez, los otros reyes del mambo, y con Rodríguez mantenía una rivalidad que se jugaba sobre el escenario. Su música unía la instrumentación de las grandes bandas de jazz con ritmos del son cubano.
Tito impuso una costumbre que hoy es la norma entre los timbaleros: sacó los timbales del fondo de la orquesta, los puso adelante y empezó a tocarlos de pie, para poder marcar las entradas a sus músicos. Ya en la banda de Machito había convencido al director de adelantar el instrumento para poder tocar y bailar al mismo tiempo. Era exigente con la música y cariñoso con su gente: cuando a Bobby Rodríguez, su bajista de muchos años, empezó a fallarle la vista, Tito compró una fotocopiadora de gran formato para ampliarle las partituras.
«El Cayuco» abre Dance Mania (1958), el disco que más vendió Tito Puente en su etapa con RCA Victor. En las congas del disco estaba Ray Barretto.
🔥 Hito musical: Dance Mania formó parte en 2002 de la primera selección del Registro Nacional de Grabaciones, y Billboard la señala como la primera grabación de música latina que ingresó a esa lista, la misma que hoy también conserva «Lamento Borincano».
El Palladium cerró, pero Tito siguió. Cuando llegó la era de la salsa neoyorquina, volvió a subirse a la ola junto a una generación nueva de estrellas, muchas de las cuales habían pasado antes por su orquesta.
Una Letra Guardada en un Envoltorio de Chicle
A más de dos mil kilómetros de Harlem, otra historia se estaba escribiendo en Texas. Lydia Mendoza nació en 1916 en Houston, en una familia de músicos. En 1928 los Mendoza leyeron en el diario La Prensa que el sello Okeh buscaba cantantes; pidieron prestado el auto de un amigo, viajaron a San Antonio y grabaron diez canciones en familia.
A comienzos de los años treinta se instalaron en San Antonio y tocaban en la Plaza del Zacate, un mercado al aire libre. Lydia ya cantaba sola, y un concurso de canto en la radio le abrió a la familia la puerta de Bluebird, el sello subsidiario de Victor. Los productores le pidieron a la joven que grabara algunos temas como solista.
Un cuarto de hotel convertido en estudio
La sesión no se hizo en un estudio. En 1934, en una sala improvisada del Texas Hotel de San Antonio, Lydia grabó «Mal Hombre» con su guitarra de doce cuerdas como único acompañamiento. La letra, según contaba ella misma, la había aprendido años antes, impresa en el envoltorio de un chicle. Es la queja de una mujer contra el hombre despiadado que le rompió el corazón, y el éxito fue tan grande que Bluebird le ofreció un contrato y siguió grabándola durante una década.
Esta es la grabación de 1934 que lanzó a Lydia Mendoza. En las etiquetas de Bluebird de aquellos años, su nombre apareció impreso con un error: «Lidya».
La canción que le pedían cada noche
La llamaron «la Alondra de la Frontera». Con su familia se volvió una atracción segura en los pequeños teatros del oeste del país donde vivían comunidades de ascendencia mexicana, y en una entrevista publicada en 1982 contaba que no pasaba una sola noche sin que alguien le pidiera «Mal Hombre».

El reconocimiento oficial llegó tarde, pero llegó. En 1982 fue la primera texana en recibir la National Heritage Fellowship, que otorga el Fondo Nacional para las Artes, y «Mal Hombre» entró al registro de la Biblioteca del Congreso en 2010. En 2013, el Servicio Postal de Estados Unidos inauguró su serie de sellos Music Icons con uno dedicado a ella.
Antes de que Selena se convirtiera en la gran estrella de la música tejana, Lydia ya había demostrado que se podía construir una carrera enorme cantando en español desde Texas, con una guitarra y una voz que no necesitaban traducción.
Si ya tienes en mente a varios de estos nombres, el desafío de hoy es una buena oportunidad para comprobar cuánto sabes.
Quinientas Estrofas Imposibles de Traducir
Un Thunderbird rumbo a San Francisco
En el verano de 1958, Bob Keane, al frente del sello Del-Fi, manejaba su Thunderbird hacia San Francisco para llevar a su nueva promesa a su primera aparición en la televisión de esa ciudad. Ritchie Valens tenía 17 años e iba en el asiento de atrás, rasgueando la guitarra todo el camino. En un momento, Keane escuchó una melodía que le pareció ideal para un disco de rock: era «La Bamba», una vieja canción tradicional de la región de Veracruz.
Keane no creía que una canción en español pudiera ser un éxito. Tenía un tema fuerte para la cara A, la balada «Donna», y eligió «La Bamba» para la cara B justamente por estar en español: estaba convencido de que nadie la iba a programar. Se equivocó. Un mes después de que «Donna» llegara al número dos, los DJ de rock de todo el país ya pasaban también el lado B.
Un resfriado que quedó grabado
Valens tampoco estaba cómodo. Sentía que convertir una canción tradicional mexicana en un producto comercial era faltarle el respeto a su cultura, y no se animaba a cantar en español porque su acento no era bueno. Fue a ver a su tía favorita, Ernestine Reyes, con un plan: traducirla al inglés. Según ella, el chico no sabía nada de español, y la canción tiene tantas estrofas que ella calculaba unas quinientas. Terminaron abandonando la traducción, y Ritchie la grabó en el idioma original.
Según recordaba Keane, el día de la sesión Ritchie llegó con un fuerte resfriado. Como no se podía cancelar a los músicos ni perder el estudio, el productor lo hizo cantar lejos del micrófono mientras grababan la base y después sobregrabó su voz. En un corte, Ritchie entra apenas antes de tiempo, y ese pequeño desliz quedó en la versión final: nadie se tomó el trabajo de borrarlo porque, total, pensaban que casi nadie iba a escuchar ese disco.
🎙️ Declaraciones: En una entrevista con NPR en el año 2000, Bob Keane seguía asombrado por lo que había logrado un solo disco, y aseguraba que en toda su carrera en la industria nunca había visto nada parecido.

Con sus apariciones en programas como American Bandstand, Valens se convirtió en lo que NPR describió como el primer ídolo adolescente latino. Su paso por los primeros planos duró apenas nueve meses: en febrero de 1959 murió en un accidente aéreo en Iowa, junto a Buddy Holly y J. P. Richardson, conocido como «The Big Bopper».
La Biblioteca del Congreso incorporó «La Bamba» de Valens a su registro en 2018, el mismo que ya guardaba «Mal Hombre», «Lamento Borincano» y Dance Mania. Lejos de California, el rock cantado en español iría construyendo en los años ochenta escenas propias en Madrid, Buenos Aires y Ciudad de México.
1987: «La Bamba» en la Cima y las Canciones del Padre
La banda del este de Los Ángeles
En 1987 llegó a los cines una película biográfica sobre Valens que llevaba el mismo nombre que la canción, y para su banda sonora se convocó a Los Lobos, un cuarteto del este de Los Ángeles que ya conocía de sobra el son jarocho y la música de Valens antes de que existiera la película. Su versión de «La Bamba» llegó al número uno del Hot 100 de Billboard el 29 de agosto de 1987 y se quedó ahí tres semanas: fue la primera canción en español en alcanzar la cima de esa lista.
La canción que Keane había escondido en una cara B, convencido de que ninguna radio la iba a pasar, terminó en lo más alto de la principal lista de sencillos del país, en el mismo idioma en que Valens se había resignado a grabarla.
El cuadernillo de la tía Luisa
Ese mismo año, una de las voces más exitosas del rock y el country estadounidense publicó un disco del que su discográfica esperaba muy poco. Linda Ronstadt había crecido en Tucson, Arizona, en una familia en la que se cantaba en español: su padre ponía discos de música mexicana y todos cantaban juntos. Grabar esas canciones era un sueño que venía postergando porque el mercado se resistía a verla salir del rock, el pop y el country.
El título, Canciones de Mi Padre, venía de mucho antes. En enero de 1946, la Universidad de Arizona había publicado un cuadernillo con ese mismo nombre, firmado por Luisa Espinel, tía de Linda y cantante con carrera internacional. Recogía canciones que el padre de Luisa —Fred Ronstadt, abuelo de Linda— había traído de Sonora, y Luisa recordaba verlo cantar esas viejas melodías sonorenses con la guitarra, sentado bajo el parral del patio al caer la tarde en verano.

Fotos de vacas para el arreglista
Para grabarlo, Ronstadt trabajó con Rubén Fuentes, director del Mariachi Vargas de Tecalitlán, y con músicos de otros tres mariachis de Los Ángeles. No siempre estuvieron de acuerdo. Fuentes quería un sonido moderno y urbano; ella, según contó, le llevaba una y otra vez fotos de vacas y los viejos discos monoaurales que recordaba de su infancia. Terminaron encontrando un punto medio.
El disco ganó un Grammy, fue doble platino y, según la Biblioteca del Congreso, es la grabación en un idioma distinto del inglés más vendida de la historia discográfica estadounidense. A Ronstadt, sin embargo, la marcó otra cosa: el público. A sus conciertos de rock la gente iba en pareja; a las funciones de estas canciones llegaban la madre, el abuelo y los nietos, y sabían exactamente en qué momento gritar y en cuál guardar silencio.
«Los Laureles» es una de las trece canciones de Canciones de Mi Padre, grabadas junto a cuatro mariachis de primer nivel, entre ellos el Mariachi Vargas de Tecalitlán y Los Camperos de Nati Cano.
Los propios mariachis notaron el efecto: su público creció, y con él el orgullo por esa música como expresión de la herencia mexicana en Estados Unidos. Con el tiempo, Ronstadt llegó a decir que el segundo volumen, Más Canciones, le había salido mejor, porque en el primero todavía no estaba lista. Aun así, fue Canciones de Mi Padre el que entró al registro de la Biblioteca del Congreso en 2022.
El Regreso de la Plena
De Canario a Bad Bunny
Canario, el músico que se apuró a grabar «Lamento Borincano» en 1930, con el tiempo se hizo famoso como intérprete y compositor de plena, un género afropuertorriqueño en el que el canto y respuesta ocupa un lugar central y que surgió en Ponce alrededor del cambio del siglo XIX al XX. Esa tradición tenía todavía una cita pendiente con las listas estadounidenses.
En febrero de 2026, días después de encabezar el espectáculo de medio tiempo del Super Bowl, Bad Bunny llegó al número uno del Hot 100 con «DtMF», su primer número uno como solista. Las raíces de la canción están en la plena, pero la producción la cruza con el pulso del reggaetón, y Rolling Stone la señaló como la primera plena en llegar a lo más alto de esa lista. Con ella se sumó a un grupo cortísimo: es apenas la cuarta canción total o mayoritariamente en español que lo consigue, después de «La Bamba» de Los Lobos en 1987, «Macarena (Bayside Boys Mix)» de Los del Río en 1996 y «Despacito» de Luis Fonsi y Daddy Yankee con Justin Bieber en 2017.
El género que Canario grababa en Nueva York en aquellos años volvió así a sonar en todo el país, esta vez desde lo más alto de las listas.

Un mapa que no deja de crecer
Entre aquel restaurante de Harlem y esta plena caben muchas otras estaciones. En el Bronx donde creció Jennifer Lopez, hijos de familias dominicanas llevaron la bachata a las listas con un sonido mezclado con R&B. En el sur de California, jóvenes de familias mexicanas reinventaron el corrido y lo convirtieron en uno de los fenómenos que explican el auge global del regional mexicano.
Cada una de esas escenas tiene su propia historia, pero todas comparten el mismo punto de partida: gente que llegó a Estados Unidos, o que nació ahí, y decidió que su música no tenía por qué cambiar de idioma.
Cómo Leer la Pista de Estados Unidos en Musinauta
En el desafío diario de Musinauta, cada artista se identifica con seis pistas fijas: Estilo, Origen, Debut, Miembros, Género y Popularidad. La historia de este artículo sirve para leer una de ellas, el Origen, con más precisión.
Estados Unidos no significa inglés
Que un artista figure con origen Estados Unidos no quiere decir que cante en inglés. Marc Anthony, por ejemplo, aparece con ese origen y con el estilo Tropical, el que mejor lo define. Puerto Rico, en cambio, figura en el juego como un origen propio, distinto de Estados Unidos, y es el que figura en la ficha de Ozuna.
La escena no siempre marca el origen
Nicky Jam y Arcángel, dos nombres muy asociados a la escena urbana puertorriqueña, figuran en el juego con origen Estados Unidos, no Puerto Rico. Por eso conviene no deducir el Origen de un artista solo por la escena en la que se hizo famoso.
💡 Clave estratégica: Si la pista de Origen marca Estados Unidos, no descartes a nadie por el idioma en que canta. Antes de arriesgar un nombre, cruza ese dato con el Estilo, el Debut y la cantidad de Miembros.
Cuando el Origen y el Género coinciden, hay que mirar el resto. Selena y Selena Gomez comparten ambas pistas, así que la diferencia aparece en otras como el Debut o el Estilo. Y la pista de Miembros separa enseguida a los grupos, como Aventura, CNCO o Eslabon Armado, de los solistas.
Preguntas Frecuentes sobre la Música Latina en Estados Unidos
¿Cuál fue la primera canción en español en llegar al número uno del Hot 100?
Con la versión que grabó Los Lobos para la película sobre Ritchie Valens, «La Bamba» se convirtió en 1987 en la primera canción en español número uno del Hot 100 de Billboard, puesto que ocupó durante tres semanas.
¿Por qué el Mes de la Herencia Hispana empieza el 15 de septiembre?
El 15 de septiembre es el aniversario de la independencia de Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua, y por eso el Mes de la Herencia Hispana arranca ese día y se extiende hasta el 15 de octubre. México celebra su independencia el 16 de septiembre.
¿Qué grabaciones latinas conserva la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos?
En el Registro Nacional de Grabaciones de la Biblioteca del Congreso figuran, entre otras obras latinas, Dance Mania de Tito Puente, «Mal Hombre» de Lydia Mendoza, «Lamento Borincano» de Canario y su Grupo, «La Bamba» en la versión original de Ritchie Valens y Canciones de Mi Padre de Linda Ronstadt.
¿Dónde compuso Rafael Hernández «Lamento Borincano»?
El bolero «Lamento Borincano» nació en Harlem, Nueva York: según su propio relato, Rafael Hernández lo compuso a fines de 1929 en un restaurante del barrio. La primera grabación la hizo Canario y su Grupo en julio de 1930.
¿Por qué Ritchie Valens grabó «La Bamba» en español?
La idea inicial de Ritchie Valens era traducir «La Bamba» al inglés, y llegó a intentarlo con su tía Ernestine Reyes. La canción tradicional tiene cientos de estrofas, así que el proyecto se abandonó y el tema se grabó en español en 1958, aunque, según su tía, él no hablaba el idioma.
¿Quién fue Lydia Mendoza?
Conocida como «la Alondra de la Frontera», Lydia Mendoza fue una cantante y guitarrista de doce cuerdas nacida en Houston en 1916, una figura esencial de la música tejana. Su grabación de «Mal Hombre», realizada en San Antonio en 1934, la llevó a la fama.
¿Qué significa el título Canciones de Mi Padre de Linda Ronstadt?
Linda Ronstadt tituló Canciones de Mi Padre su disco de 1987 como homenaje a la música mexicana que escuchaba en casa de su padre, en Tucson. El nombre repite el de un cuadernillo que su tía, la cantante Luisa Espinel, publicó con la Universidad de Arizona en 1946, con canciones que el abuelo de Linda había traído de Sonora.
¿Quién le enseñó piano a Tito Puente?
Victoria Hernández, dueña de una tienda de música en East Harlem y hermana del compositor Rafael Hernández, figura entre los maestros de piano de Tito Puente. El futuro «Rey del Timbal» empezó con ese instrumento a los ocho años y después se volcó a la percusión.
¿Qué género musical es «DtMF» de Bad Bunny?
Bad Bunny construyó «DtMF» sobre la plena, el ritmo afropuertorriqueño en el que el canto y respuesta es protagonista, y le añadió elementos de reggaetón. En febrero de 2026 la canción le dio su primer número uno como solista en el Hot 100 de Billboard, y Rolling Stone la destacó como la primera plena en alcanzar esa posición.
¿Qué era el Palladium de Nueva York?
Nueva York llamó «la casa del mambo» al Palladium Ballroom, un salón de baile ubicado en Broadway y la calle 53 de Manhattan. Desde fines de los años cuarenta hasta su cierre, en 1966, sus escenarios reunieron a las orquestas de Machito, Tito Puente y Tito Rodríguez.
Una Cadena Que Sigue Abierta
La música latina de Estados Unidos no se entiende como una sucesión de éxitos aislados, sino como una cadena. Victoria Hernández le dio a su hermano el tiempo para escribir «Lamento Borincano» y le enseñó piano a un chico de Harlem que después pondría los timbales al frente de la orquesta. Lydia Mendoza cantó en un cuarto de hotel una letra aprendida en un envoltorio de chicle. Ritchie Valens no pudo traducir una canción y la grabó tal como era. Linda Ronstadt volvió a las canciones de su padre y de su tía, mientras Los Lobos devolvían «La Bamba» a la cima.
Ninguno de ellos pensaba en listas ni en registros oficiales. Cantaban en el idioma de su casa, en el país donde vivían. Que en 2026 una canción levantada sobre la plena llegue al número uno es, en el fondo, la continuación de lo que empezó aquel día de 1929 en Harlem.
Si conoces a alguien que todavía cree que en Estados Unidos solo se canta en inglés, compártele este artículo.
Y si quieres seguir la cadena desde otro lugar, el desafío de hoy te espera con un nuevo artista.

