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  • Willie Colón: El Trombón que Hizo Sonar al Bronx

    Willie Colón: El Trombón que Hizo Sonar al Bronx

    Willie Colón: El Trombón que Hizo Sonar al Bronx

    En la calle 139 del sur del Bronx, un niño crecía rodeado de congas, botellas y latas que sonaban en la acera; años después, él llamaría a esos ritmos sus canciones de cuna. Willie Colón (1950-2026) fue el trombonista, compositor y productor neoyorquino que convirtió el sonido de su barrio en uno de los pilares de la salsa.

    Detrás de ese oído había una mujer. Su abuela Antonia, «Toña», una campesina de Manatí, en el norte de Puerto Rico, había llegado a Nueva York a los 22 años y murió a los 91 sin haber aprendido inglés. Fue ella quien lo crio y quien, según recordaba el músico, le repetía: «No olvides que tú eres puertorriqueño».

    Antes de seguir el rastro de ese trombón, pon a prueba cuánto sabes de música latina con el reto que cambia cada día.

    Lo que sigue no es la historia de un niño prodigio de conservatorio. Es la de un muchacho que aprendió de oído, que cambió de instrumento por un solo escuchado en un disco ajeno, que armó su orquesta con lo poco que sabía manejar y que pasó más de medio siglo metiendo en la salsa todo lo que llegaba a sus manos, de una canción infantil de Ghana a un clásico brasileño. Es también uno de los capítulos esenciales de la música latina hecha en Estados Unidos.


    Primero, el riff que el Bronx sabe de memoria

    Antes de cualquier explicación, vale la pena verlo en su elemento: con el trombón en la mano, junto a Héctor Lavoe y al cuatrista Yomo Toro, tocando una de las canciones que mejor resumen su sonido.

    Más de cinco décadas después de grabar «La Murga» (1970), un grupo de trombonistas tocaría este mismo riff para despedir a Willie Colón frente a la catedral de San Patricio.


    Congas, Botellas y un Solo de Trombón Ajeno

    Willie Colón nació el 28 de abril de 1950 como William Anthony Colón Román, hijo de padres puertorriqueños, en un sur del Bronx que la migración desde la isla estaba transformando. Lo evocaba con los sentidos: su calle 139 parecía un pedazo del Caribe, con carteles en español en las tiendas, radios encendidas desde la mañana y olor a café en todas las cocinas.

    En casa, el idioma también era cosa de su abuela. Antonia le enseñó un español que sus propios padres habían perdido en las calles de Nueva York, en una época en la que crecer con dos idiomas ni siquiera se consideraba una ventaja.

    El nieto que leía el periódico en voz alta

    Entre los dos había un intercambio. Ella ponía en el tocadiscos danzas puertorriqueñas y mucha música jíbara, la de los campesinos de la isla; él le leía el periódico en voz alta. Cuando terminaban las clases, lo mandaba a la finca de sus primas y hermanas en Manatí, y para el desfile puertorriqueño de Nueva York lo llevaba con chaqueta y corbata en pleno verano, porque, como recordaba Colón, aquello era «una cosa seria».

    Esos veranos y esos discos le dieron una idea de Puerto Rico vista desde adentro; la calle le daba la otra mitad, la de un muchacho del Bronx que crecía hablando inglés.

    Una banda de esquina que pasaba el sombrero

    La primera trompeta se la regaló su abuela, y a los 12 años el muchacho ya la tocaba. Con otros tres chicos formó una banda callejera, The Dandies: acordeón, trompeta, clarinete y conga, instalados frente a un local del barrio y pasando el sombrero entre canción y canción. Fueron tres o cuatro años en la acera. Colón los recordaba con una broma: la gente les tiraba monedas mientras tocaban y billetes cuando dejaban de hacerlo. Enseguida aclaraba que no era cierto.

    El disco que pagó el dueño de una gasolinera

    Entonces, un disco le cambió el rumbo. Lo había financiado Joe Cotto, el dueño de una gasolinera que, según Colón, era un músico frustrado: tocaba muy mal, pero tenía dinero para pagar arreglos. En la voz estaba el puertorriqueño Mon Rivera y en el trombón, Barry Rogers. Cuando Colón escuchó el solo de Rogers en «Dolores», ya no quiso seguir tocando la trompeta: aquel trombón rugía, y él quería rugir igual.

    Dos años después de empezar con la trompeta, el trombón ya era su instrumento. Rivera y Rogers fueron siempre sus grandes influencias: del cantante tomó la idea de un sonido dominado por los trombones, y la forma de tocar de Rogers, en sus palabras, le hablaba directamente.

    La big band que le quedó grande

    Primero intentó armar una gran orquesta al estilo de Machito o Tito Puente, pero no tenía la técnica para sostenerla. Se quedó con lo que podía manejar: dos trombones y una sección rítmica. Sabía poco de armonía, así que elegía de oído cualquier par de notas que le sonara bien, y a veces escribía las dos líneas separadas por un solo paso, para que rozaran entre sí.

    Ese roce, que cualquier profesor habría corregido, se convirtió en su firma. Jazzistas como Grover Washington aparecían en sus presentaciones para preguntarle qué estaba haciendo, y él no sabía qué responder: era puro instinto. Tenía, además, un aliado que casi nadie conocía. Su mentor, el pianista Charlie Palmieri, guardaba una libreta con los nombres de los jóvenes que tocaban bien, muchos de ellos alumnos suyos, y gracias a ella Colón encontró a músicos como el timbalero Nicky Marrero y el bajista Eddie «Guagua» Rivera.


    Diecisiete Años, un Disco Áspero y un Cantante Prestado

    Colón tenía 17 años cuando publicó El Malo (1967) en Fania Records, el sello que Johnny Pacheco y Jerry Masucci habían fundado tres años antes. Sonaba crudo y poco ortodoxo, y la crítica y los músicos mayores lo recibieron con desprecio. En la pista de baile, sin embargo, aquel sonido empezó a pegar.

    El disco terminó vendiendo más de 300.000 copias, y su primer éxito ni siquiera tenía letra: fue un instrumental llamado «Jazzy». El título del álbum, además, le dejó a Colón un apodo para toda la vida.

    Un apodo con dos versiones

    Ese apodo tiene dos explicaciones. La de Fania sostiene que a Colón lo llamaron «el Malo» porque los músicos mayores lo consideraban un mal trombonista, no un mal muchacho.

    La suya era más íntima. Contó que creció como el único varón de la casa y que desde chico le tocó defender a su abuela, a su madre y a su hermana. De ahí, decía, venía su fama de duro.

    🎨 Identidad visual: Fuera cual fuera el origen, Colón convirtió el apodo en personaje. Para la portada de La Gran Fuga, el diseñador Izzy Sanabria imitó un cartel de «se busca», con huellas dactilares incluidas, y el parecido con los carteles oficiales fue tal que el FBI pidió retirar su nombre de la portada. Colón insistió siempre en que todo era humor seco, un guiño que su orquesta nunca se tomó en serio.

    El cantante que iba a grabar un solo disco

    Antes de El Malo, Héctor Lavoe y Willie Colón eran rivales. Lavoe cantaba con The New Yorkers, una orquesta de muchachos recién llegados de Puerto Rico; Colón y los suyos, nacidos en Nueva York y con poco español, habían bautizado la propia con un nombre en español: La Dinámica. Los nombres parecían intercambiados.

    Fue Johnny Pacheco quien propuso juntarlos y terminó por convencer a los dos. Colón, que tenía unos 16 años, no estaba entusiasmado, porque la competencia entre ambos era intensa. Lavoe aceptó con una condición que hoy suena a chiste: grabaría un solo disco, porque, según la versión de Colón, aquella orquesta tocaba mal. Colón nunca le pidió formalmente que se quedara. Siguieron juntos ocho años.


    De Ghana a Panamá sin Salir de Nueva York

    Si algo definió el oído de Colón fue su apetito por lo que venía de lejos. El mayor éxito de Cosa Nuestra (1969), «Ché Ché Colé», se inspiró en un juego infantil africano, y el resultado sonaba a patio de escuela, a tambor caribeño y a fiesta de barrio al mismo tiempo.

    El origen concreto es una canción tradicional que cantan los niños en Ghana, conocida como «Che Che Koolay» y extendida por medio mundo gracias a la migración de las últimas décadas. Colón la trasladó al lenguaje de la salsa neoyorquina, y la canción catapultó a su dupla con Lavoe al estrellato de la noche a la mañana.

    Colón escribía casi todas sus canciones en un teclado, y las primeras, como «Ché Ché Colé», nacieron en un modesto órgano de acordes.

    La misma curiosidad lo llevó hacia el sur. «La Murga», grabada con Lavoe en 1970, viene de la murga panameña, un estilo folclórico con variantes en Argentina y Uruguay, y Colón la transformó en un riff de trombones que el público reconoce desde la primera nota.

    El «galinging-galinging» que nadie quería escuchar

    Hubo un sonido, sin embargo, que le costó defender: el de su propia casa. En el Bronx de su adolescencia, los muchachos se burlaban de cualquier música con cuerdas y la llamaban, con desprecio, «galinging-galinging». Los tríos románticos y la música jíbara eran cosa de campesinos; lo que estaba de moda era Tito Puente, la música cubana y el jazz. Colón, que había crecido con los discos de su abuela, decidió volver moderna esa música del campo.

    Para lograrlo pensó en alguien a quien escuchaba desde niño. Su madre trabajaba en la calle 149, y cuando él iba a verla después de la escuela pasaba frente a La Campana, un local donde tocaba el cuatrista Yomo Toro; a veces se detenía a escucharlo. Le pidió a Lavoe que lo buscara, y así nació Asalto Navideño (1970), un disco que puso el cuatro puertorriqueño, uno de los instrumentos esenciales de la música latina, en el centro de la salsa. El «galinging-galinging» dejó de ser una broma: Yomo Toro terminó tocando con la Fania All-Stars.

    🎙️ Voz del artista: Colón resumió su visión con una frase: «La salsa no es un ritmo, es un concepto». Para él, el género no era una simple copia del son cubano, sino una forma de reconciliar bombas, plenas, calipso, samba y cumbia, algo que, sostenía, solo podía haber nacido en una ciudad como Nueva York.

    Si a esta altura ya distinguirías a Colón entre otros salseros, el desafío de hoy te propone adivinar al artista del día a partir de sus pistas.


    El Productor Detrás de las Voces Ajenas

    A mediados de los años setenta, Lavoe se lanzó como solista, y Colón descubrió que podía brillar desde otro lugar: el estudio. Siguió produciendo los discos de su antiguo cantante y, en pocos años, también los de dos de las voces más importantes de la salsa.

    Las cuerdas que prometió pagar de su bolsillo

    Para uno de esos discos, Colón quiso algo que la salsa casi no usaba: cuerdas, un recurso que acababa de ensayar en un proyecto para la televisión pública de Nueva York. Jerry Masucci, uno de los dueños de Fania, no quería saber nada. Colón le propuso un trato: si la canción no se convertía en un éxito, él mismo pagaría a los músicos de cuerda. La canción era «Periódico de Ayer», y terminó siendo una de las más grandes de Lavoe.

    Una canción brasileña para Celia Cruz

    En 1977 llegó su primer disco a dúo con Celia Cruz, y Colón, que lo produjo, le propuso abrirlo con una canción que no se parecía a nada de su repertorio: una versión de «Você Abusou», un tema de los bahianos Antônio Carlos y Jocafi que en 1971 fue un éxito en Brasil, tanto en la voz del dúo como en la de Maria Creuza.

    Los acordes no tenían nada de cubano, y la primera reacción de Celia fue negarse: «Ay, Willie, yo no puedo cantar eso». Colón le pidió que la cantara como cantaba todo lo demás, sin prestar atención a lo que hacía la orquesta. El resultado fue «Usted Abusó», la canción que abre Only They Could Have Made This Album y que, según el productor, ayudó a sacar a Celia del molde de sus años con la Sonora Matancera.

    La química se repitió en Celia y Willie (1981), un segundo encuentro a dúo que confirmó que la cantante cubana y el trombonista del Bronx se entendían por encima de cualquier diferencia de generación.

    «Usted Abusó» abre Only They Could Have Made This Album (1977). En los créditos del disco, Colón figura como productor, arreglista y corista, además de tocar la trompeta baja.

    Un gigante de dos cabezas

    Ese mismo 1977, Colón publicó Metiendo Mano! junto a Rubén Blades, un compositor panameño que escribía canciones de ocho estrofas. Venían de mundos opuestos, y Colón lo contaba sin rodeos: él era el muchacho de los zapatos agujereados y tapados con cartón; Blades se había graduado en la universidad. Aun así, Colón se consideraba el único lo bastante loco para decirle: «Bueno, intentémoslo».

    La sociedad fue tan fértil como tormentosa. De ella salió Siembra (1978), uno de los álbumes que cambiaron la música latina, que arranca con «Plástico», una canción que empieza con un ritmo de música disco antes de transformarse en salsa. En 2024, Rolling Stone lo colocó en el primer puesto de su lista de los 50 mejores álbumes de salsa de todos los tiempos. Colón comparó aquella dupla con un gigante de dos cabezas que debía someter cada decisión a votación, pero siempre sostuvo que lo que hicieron juntos superaba lo que cada uno logró por separado.


    Cuando el Público Pedía Otro Cantante

    Después de Lavoe y de Blades, Colón hizo algo que nadie le pedía: cantar él mismo. Al principio, contó, el público le preguntaba desde la pista dónde estaban Héctor y Rubén. Él tampoco se consideraba un gran cantante, pero tenía olfato para las canciones.

    La canción que siempre faltaba

    Además, al terminar un disco solía sentir que faltaba una canción. Le pasó con Solo, uno de sus primeros álbumes como cantante: según sus cuentas, un disco costaba entonces unos 20.000 dólares y aquel, con cornos franceses incluidos, le costó cerca de 175.000. Cuando escribió el tema que faltaba, el presupuesto apenas alcanzaba para un fliscorno y una flauta. «Sin Poderte Hablar» terminó siendo el gran éxito del álbum, una de esas historias de grabación que cambian el destino de un disco.

    Lo mismo le ocurrió en 1989 con «El Gran Varón», del panameño Omar Alfanno, que entró a último momento en Top Secrets, su disco de ese año.

    Brasil, otra vez

    Para Fantasmas (1981) grabó «Oh, ¿Qué Será?», el éxito que Chico Buarque había lanzado en 1976, y antes de entrar al estudio hizo lo que hacía cada vez que se acercaba a un estilo ajeno: leer. Esta vez el libro fue Agua viva, de la escritora brasileña Clarice Lispector, del que dijo: «No es literatura. Es flujo de conciencia».

    Para Rolling Stone, aquella grabación, con coros femeninos y cuerdas, marca el comienzo del sonido de la salsa romántica. Según Colón, el disco vendió unas 350.000 copias solo en Venezuela, una cifra inédita entonces, con un repertorio lleno de guiños a la música popular brasileña.

    Fantasmas ocupa el puesto 23 en la lista de los 50 mejores álbumes de salsa de Rolling Stone, que incluye cuatro discos de Willie Colón.

    El bolero que le cantó a su abuela

    En 1993, junto al director musical Ángel «Cucco» Peña, grabó «Idilio», una adaptación de «Deseo», un bolero que el puertorriqueño Alberto «Tití» Amadeo había compuesto en Nueva York en los años treinta. La canción era un homenaje a su abuela. En el concierto con el que celebró sus 50 años de carrera en el Bronx, lo dijo así: «Mi abuela adoraba a Puerto Rico y yo adoraba a mi abuela, y si le canto a Puerto Rico, le canto a mi abuela».

    Esta versión de «Idilio» se grabó en vivo en 1993 en el Coliseo Roberto Clemente de San Juan, el año en que salió Hecho en Puerto Rico.

    Una placa de sheriff y un verso de Bad Bunny

    En 2004, la Academia Latina de la Grabación le entregó su Premio a la Excelencia Musical. El giro más inesperado, sin embargo, no tuvo que ver con la música: en 2014, a los 64 años, «el Malo» se graduó en la academia de policía del condado de Westchester y juró como ayudante del sheriff, un cargo en el que llegó a teniente adjunto sin dejar los escenarios.

    En 2025, Bad Bunny devolvió su nombre a una generación que no había nacido cuando salió El Malo. «NUEVAYoL», la canción que abre Debí Tirar Más Fotos, lo menciona en su primer verso con un guiño a aquel apodo de juventud, y el homenaje fue más allá de la letra: Colón hizo una breve aparición en el video de la canción.

    La noche del 21 de febrero de 2026, horas después de que se conociera su muerte, a los 75 años, el puertorriqueño se detuvo en pleno concierto en São Paulo para despedirlo: le deseó descanso en paz en nombre propio y de su banda y le envió fortaleza a su familia.


    Willie Colón en el Desafío: Cuatro Pistas Compartidas

    En el desafío diario de Musinauta, cada artista se identifica con seis pistas fijas: Estilo, Origen, Debut, Miembros, Género y Popularidad. Estas son las cuatro que mejor describen a Willie Colón:

    • Estilo: Tropical, la categoría del juego que agrupa la salsa junto a ritmos como el merengue, la bachata y la cumbia.
    • Origen: Estados Unidos. Aunque su música esté atravesada por Puerto Rico, nació en el Bronx, y así figura en el juego.
    • Género: masculino.
    • Miembros: solista.

    Esas cuatro pistas, sin embargo, no alcanzan para identificarlo, porque las comparte con otros solistas tropicales nacidos en Estados Unidos, como Marc Anthony, Romeo Santos y Prince Royce.

    💡 Clave estratégica: la pista que marca la diferencia es el Debut. La carrera discográfica de Colón empezó a fines de los años sesenta, más de dos décadas antes que la de cualquiera de ellos. Y si la pista de Miembros indica un grupo tropical, conviene pensar en Aventura, referente indiscutido de la bachata.

    Dicho de otro modo: si las pistas apuntan a un solista tropical estadounidense que debutó en los sesenta, el trombón del Bronx ya está sonando.


    Preguntas Frecuentes sobre Willie Colón

    ¿Quién fue Willie Colón?

    Nacido en el Bronx en 1950 como William Anthony Colón Román, Willie Colón fue un trombonista, compositor, cantante y productor estadounidense de raíces puertorriqueñas. Fue una figura central de la salsa neoyorquina dentro de Fania Records y grabó junto a Héctor Lavoe, Rubén Blades y Celia Cruz.

    ¿Por qué a Willie Colón le decían «el Malo»?

    El apodo de Willie Colón viene de El Malo, su primer disco, de 1967. Fania Records atribuye el sobrenombre a músicos veteranos que dudaban de su técnica con el trombón, mientras que Colón lo relacionaba con su papel de protector de su abuela, su madre y su hermana.

    ¿Cuándo murió Willie Colón?

    Willie Colón murió el 21 de febrero de 2026, a los 75 años, según anunció su familia. Su misa fúnebre se celebró el 9 de marzo de ese año en la catedral de San Patricio, en Manhattan.

    ¿Cómo se conocieron Willie Colón y Héctor Lavoe?

    Antes de trabajar juntos, Héctor Lavoe y Willie Colón lideraban orquestas rivales en Nueva York. Johnny Pacheco, cofundador de Fania, los convenció de unirse para el disco El Malo (1967): Lavoe aceptó grabar un solo álbum y terminó cantando con Colón durante ocho años.

    ¿Qué discos hicieron juntos Willie Colón y Rubén Blades?

    Rubén Blades y Willie Colón debutaron como dupla con Metiendo Mano! (1977) y al año siguiente publicaron Siembra (1978), el álbum que encabeza la lista de Rolling Stone de los mejores discos de salsa. Su colaboración unió las letras narrativas del panameño con los arreglos y la producción del trombonista.

    ¿Qué canciones grabó Celia Cruz con Willie Colón?

    «Usted Abusó», versión de un tema brasileño de Antônio Carlos y Jocafi, es una de las canciones más recordadas de Celia Cruz con Willie Colón. Forma parte de Only They Could Have Made This Album (1977), y la pareja volvió a reunirse en Celia y Willie (1981).

    ¿De dónde viene la canción «Ché Ché Colé»?

    Una canción infantil tradicional de Ghana, conocida como «Che Che Koolay», está en la raíz de «Ché Ché Colé», el tema de Willie Colón y Héctor Lavoe incluido en Cosa Nuestra (1969). Su versión salsera se convirtió en el mayor éxito de ese disco.

    ¿Quién compuso «Idilio», de Willie Colón?

    Alberto «Tití» Amadeo, compositor puertorriqueño, escribió en los años treinta el bolero «Deseo», que es la base de «Idilio». Willie Colón y Cucco Peña grabaron su versión en 1993, y Colón la dedicó a la abuela que lo crio.

    ¿Qué relación tiene Bad Bunny con Willie Colón?

    Bad Bunny nombra a Willie Colón en «NUEVAYoL», el tema inicial de Debí Tirar Más Fotos (2025), con una referencia a su apodo de «el Malo». Colón participó brevemente en el video, y cuando murió, en febrero de 2026, el puertorriqueño lo homenajeó en pleno concierto en São Paulo.


    Trombones en las Escalinatas de San Patricio

    Según su familia, Willie Colón había pedido en vida que su funeral se celebrara en la catedral de San Patricio, en Manhattan, y así se hizo el 9 de marzo de 2026. Durante la misa, el obispo auxiliar Joseph Espaillat, radicado en el Bronx, contó que de niño había conocido el trombón escuchando «El Día de Mi Suerte», una de las canciones que Colón grabó con Lavoe. Uno de sus hijos, Diego, enumeró todos los personajes de su padre: el Malo, el salsero, el compositor, incluso el sheriff. Para la familia, dijo, era simplemente papá.

    Cuando sacaron el féretro de la catedral, un grupo de trombonistas tocó el riff de «La Murga», y cientos de personas se quedaron en las escalinatas. Fue una despedida a la medida del niño de la calle 139 que eligió el trombón por un solo ajeno, que construyó su orquesta alrededor de dos trombones y que terminó despedido por el instrumento que convirtió en su voz.

    Entre los artistas más influyentes de la música latina, el de Colón es de los sonidos que se reconocen en apenas unas notas. Si conoces a alguien que creció con «La Murga» sonando en casa, compártele esta historia.

    Y si quieres comprobar si reconocerías a un artista solo por sus pistas, el desafío de hoy te espera.

  • ¿Cómo Aventura Convirtió la Bachata en Música del Bronx?

    ¿Cómo Aventura Convirtió la Bachata en Música del Bronx?

    ¿Cómo Aventura Convirtió la Bachata en Música del Bronx?

    Un día de los años noventa, un obrero dominicano del sur del Bronx llegó a casa con un casete de bachata. Lo había comprado porque el cantante se llamaba igual que su hijo. Así empezó Aventura, el cuarteto neoyorquino de raíces dominicanas que fusionó la bachata con el R&B y el hip hop.

    El hijo se llamaba Anthony Santos y, según contó años después, no sabía que aquel género arrastraba mala fama. Cuando se enteró ya era tarde: estaba enamorado. Para entonces, la bachata llevaba tres décadas de historia en República Dominicana, pero en Nueva York era sobre todo la música de la nostalgia, la que sonaba en las casas de quienes habían dejado la isla.

    Lo que aquel adolescente hizo después, junto a un primo y a dos hermanos del vecindario, no fue imitar esa música ni traducirla. Fue tocarla como sonaba su barrio: con gorras de béisbol en lugar de trajes, frases en inglés en mitad de la canción y un bajo que por momentos parecía de rock. Así encontró la bachata un segundo hogar, muy lejos de Santo Domingo.

    Antes de seguir, puedes ponerte a prueba con el reto musical que cambia cada día.


    Antes de la historia, así sonaba el Garden

    Conviene empezar por la cima. En 2007, aquellos chicos del Bronx llenaron el Madison Square Garden, y lo que se oye en esta grabación importa tanto como lo que tocan: un recinto entero que se sabe la letra de memoria.

    Este concierto de 2007 en el Madison Square Garden se publicó también como película. En su primera escena, Romeo aparece descendiendo desde el techo del recinto, entre los gritos de miles de fans.


    Un Casete, un Coro y Dos Familias con el Mismo Apellido

    La música que viajó en la maleta

    La bachata no llegó a Nueva York por la radio. Llegó con la gente. Durante los años ochenta y noventa, miles de familias dominicanas se instalaron en el Alto Manhattan y en el Bronx, y con ellas viajó un género que en su país todavía cargaba con el desdén de los sectores acomodados.

    Lejos de casa, esa música cambió de significado. Para los trabajadores recién llegados, sus letras de pérdida expresaban la añoranza por la isla mejor que las vistosas orquestas de merengue que dominaban la música dominicana de exportación. La antropóloga Deborah Pacini Hernandez, que dedicó años a estudiar ese viaje, sostiene que en Nueva York el género se fue sacudiendo el estigma social que arrastraba y pasó a representar, para quienes habían emigrado, el sonido mismo del país que habían dejado.

    Era, en resumen, la música de los padres. Los hijos, criados entre el inglés de la escuela y el español de la casa, la oían de fondo, mezclada con todo lo demás.

    Lo que sonaba en cada esquina

    Y lo demás era mucho. Anthony Santos nació en el Bronx, el mismo distrito donde creció Jennifer Lopez, hijo de un dominicano de Moca que trabajaba en la construcción y conducía un taxi, y de una madre puertorriqueña. En casa solo se hablaba español; en la calle mandaban el hip hop y el R&B.

    Años más tarde recordaría esa mezcla con precisión de inventario: bajaba las escaleras de su edificio y en una esquina sonaba salsa, en la otra hip hop, y por la ventana de una vecina salía un merengue. No exageraba. En ese mismo distrito, una fiesta de vuelta a clases de agosto de 1973 suele señalarse como el punto de partida del hip hop, y Nueva York había sido durante décadas el gran taller de la salsa.

    A la bachata llegó por aquel casete. El cantante era Antony Santos, una de las voces más populares del género en República Dominicana, y al muchacho lo atrapó la producción antes de enterarse de que a casi nadie le parecía elegante admitir que le gustaba. En sus años en la secundaria Morris, en el Bronx, empezó a escribir sus propias canciones y a cantarlas a capela en las fiestas familiares. Todavía no había pisado el país de su padre.

    Dos primos, dos hermanos y un apellido que engaña

    El coro de la iglesia fue uno de sus primeros escenarios, aunque por razones poco piadosas. Anthony y su primo Henry cantaban allí sin ser especialmente devotos: al futuro líder del grupo le gustaba una chica del coro. Henry había nacido en Moca y había llegado a Nueva York siendo adolescente; es el único de los cuatro nacido en República Dominicana.

    En el vecindario vivían Lenny y Max Santos, dos hermanos que también querían formar un grupo de bachata. Compartían apellido con los primos, pero no familia. La coincidencia ha confundido a medio mundo desde entonces: cuatro Santos, dos parentescos distintos y ninguno que una a las dos parejas. Lenny tocaba la guitarra; Max se quedó con el bajo.


    Los Tinellers: Un Disco Grabado «a Fuerza de Pulmón»

    El primer nombre del grupo fue un chiste bilingüe que nadie planeó como chiste. Se llamaron Los Tinellers: la palabra inglesa «teenagers» escrita tal como suena para un hispanohablante. Eso eran, al fin y al cabo: adolescentes que tocaban en ferias callejeras y festivales del barrio. De esa época quedan videos caseros en los que se ve a Anthony sentado en una escalera, con una guitarra en las manos.

    En el verano de 1996 publicaron Trampa de amor, un disco de diez canciones que, como escribió Máximo Jiménez en el diario dominicano Listín Diario, se grabó «a fuerza de pulmón», en sesiones sueltas, cuando el dinero alcanzaba. Sonaba a lo que ellos escuchaban: a Antony Santos, a Raulín Rodríguez, a Luis Vargas. Incluía merengues típicos y hasta una canción que Anthony dedicó a su abuela tras su fallecimiento.

    Casi nadie lo escuchó. Pero en ese disco ya estaba «Cuando Volverás», la canción que sobreviviría a todo lo demás.

    De adolescentes a Aventura

    Hacia 1997 el grupo ya tocaba en barrios dominicanos de todo el noreste de Estados Unidos, pero su representante no tenía con qué promocionarlo. El proyecto pasó entonces a Premium Latin Music, un sello independiente de música dominicana que funcionaba en un local del Bronx. En esa etapa se rediseñó todo: los cuatro aparecerían en las portadas, como una boy band, y el nombre cambió a Aventura.

    💡 Glosario musical: en español, «aventura» no es solo una peripecia. En el terreno amoroso nombra un romance pasajero, y ese doble sentido es el que acompaña al grupo desde que se rebautizó.

    Generation Next, de 1999, fue el primer disco con el nuevo nombre. Volvía a incluir «Cuando Volverás», convertida ahora en su primer sencillo, y llevaba un título que era una declaración de intenciones: la próxima generación. Las ventas, sin embargo, no acompañaron. Fueron unas 13.000 copias en Estados Unidos, según las cifras que más tarde publicó Billboard.

    Escuchada hoy, la canción muestra el punto exacto en que el grupo todavía sonaba a sus maestros y ya empezaba a sonar a sí mismo.

    «Cuando Volverás» ya figuraba en Trampa de amor (1996), el disco que el grupo grabó como Los Tinellers. En 1999 se convirtió en el primer sencillo de Aventura.


    Gorras de los Yankees y un Bajo Aprendido por Video

    Lo primero que desconcertó al público tradicional no fue la música. Fue la ropa. Los bachateros dominicanos de la época subían al escenario de traje; estos cuatro aparecían con ropa de calle y gorras de los Yankees. Anthony, que con el tiempo adoptaría el nombre artístico de Romeo, recordaba que la gente los tomaba por raperos antes de haber oído una sola nota.

    La música confirmaba la sospecha solo a medias. Seguían ahí el requinto, el bongó y la güira, la columna vertebral de cualquier bachata; pero alrededor había sintetizadores, efectos tomados del hip hop y melodías vocales con aire de R&B. Lenny, guitarrista y productor, se atribuyó la idea sin falsa modestia en una entrevista con el diario dominicano El Día: fue él quien propuso mezclar para «sacar la bachata de su mundo tradicional» y acercarla a la gente joven. Con el tiempo, esa mezcla recibiría un nombre: bachata urbana.

    Nada de eso respondía a un plan. Romeo ha contado que la mayor parte de la música la creaban entre Lenny y él, y que al principio simplemente se divertían, sin pensarlo demasiado. La sensación de responsabilidad llegó después, cuando el asunto empezó a funcionar.

    El bajo merece párrafo aparte. Max aprendió a tocarlo por su cuenta, mirando videos instructivos de los Red Hot Chili Peppers, y esa escuela improbable se nota: en mitad de una bachata podía aparecer un golpe de pulgar sobre las cuerdas, el slap del funk, justo donde nadie lo esperaba. Años después, ya en otro grupo, su hermano Lenny seguía describiendo su aporte de la misma manera: Max es quien pone el toque final rockero.

    Hablar como se habla en el barrio

    Y estaba el idioma. Las canciones eran en español, pero entre estrofa y estrofa se colaban interludios y frases en inglés, como en cualquier conversación de su calle. El comediante Kid Mero, dominicano-estadounidense nacido en el Bronx, los comparó con los New Kids on the Block, pero en versión dominicana. Recordaba que en las fiestas caseras de su adolescencia había que saber bailar bachata para invitar a alguien a la pista, y que aquellos músicos se vestían y hablaban como él. Lo resumió en cuatro palabras: «era muy del Bronx».

    El miedo a no ser bachateros de verdad

    No todos aplaudieron. Entre los seguidores tradicionales se instaló la idea de que aquello no era bachata, y el propio grupo llegó a temer que un sonido tan distinto terminara jugándole en contra. Romeo conocía, además, una regla no escrita del oficio: un proyecto de bachata que no funciona en República Dominicana difícilmente funciona en otra parte.

    Respondieron con un título. El segundo disco, de 2002, se llamó We Broke the Rules: rompimos las reglas. Con los años, Romeo resumiría lo conseguido sin rodeos: Aventura había puesto de moda la bachata. Hasta entonces, como anotó Billboard, el género interesaba sobre todo a dominicanos de una generación mayor.

    Si a esta altura ya reconocerías al grupo por un par de datos, el desafío de hoy es un buen lugar para comprobarlo.


    Un Teléfono Que Suena: El Extraño Viaje de «Obsesión»

    La canción que lo cambió todo nació sin presupuesto. Con el sello poco dispuesto a invertir más, los cuatro juntaron unos cientos de dólares de su bolsillo para grabar unas maquetas de prueba, con la idea de ofrecerlas a una discográfica más grande. Ni siquiera estaban mezcladas como correspondía. Una copia terminó en manos de un DJ local, y lo que pasó después lo contó el propio Romeo: en cuestión de tres meses no quedaba un auto en Washington Heights que no llevara esa música puesta.

    Entre esas grabaciones estaba «Obsesión». Empieza con un teléfono que suena. Contesta una chica, en la voz de la cantante Judy Santos; él le abre el corazón, y ella le responde que lo que siente tiene otro nombre: el del título. Cuatro minutos de pequeño drama, con algo de telenovela y algo de llamada a deshoras.

    «Obsesión» forma parte de We Broke the Rules (2002). La voz femenina es de Judy Santos, que en enero de 2025 fue una de las invitadas del concierto de despedida del grupo en Santo Domingo.

    Número uno en Europa, casi invisible en casa

    Lo extraño vino después. En Estados Unidos, «Obsesión» ni siquiera entró en la lista Hot Latin Songs de Billboard y se quedó en un discreto puesto 32 entre las canciones tropicales más difundidas. Al otro lado del Atlántico, en cambio, la versión original en español llegó al número uno en Francia, Alemania, Italia y Austria. Romeo se hacía la pregunta obvia: ¿por qué en Europa sí y en casa no?

    🔥 Dato curioso: la revancha llegó de la manera más irónica. En 2005, el cantante Frankie J grabó una adaptación en inglés junto al rapero Baby Bash, y esa versión subió hasta el tercer puesto del Hot 100, la lista general de Estados Unidos. La canción escrita por un muchacho del Bronx conquistó la radio de su país en la voz de otro.

    Una calle entera esperando

    Mientras tanto, en el noreste del país ocurría algo que ninguna lista registraba. Johnny Marines, que empezó trabajando en la seguridad del grupo y terminó siendo su mánager, recordaba su primer viaje con ellos: un local pequeño de Filadelfia, lleno de pared a pared, casi todas chicas, y todas se sabían cada letra.

    Marti Cuevas, que entonces llevaba el día a día del sello, contaba algo parecido de una presentación en una tienda de discos de Boston. Tuvieron que llegar con escolta, porque afuera no había una fila: había una calle entera cubierta de gente. Nadie los había promocionado. Aquello había empezado en el Bronx y se había extendido solo.


    Del Garden a la Casa Blanca sin Cambiar de Idioma

    A partir de ahí cambió la escala. En 2007 llenaron el Madison Square Garden, en el concierto que abre este artículo, y a comienzos de 2010 agotaron ese mismo recinto cuatro veces. Para entonces ya los llamaban «los Reyes de la Bachata», y el reggaetón, el otro sonido que mandaba en las fiestas latinas de la ciudad, los buscaba como aliados: «Ella y Yo», grabada con Don Omar, juntó a los dos.

    Tampoco tuvieron que cruzar al otro lado para encontrarse con las estrellas del mercado en inglés. En The Last, su disco de 2009, Akon cantó en «All Up 2 You», y los raperos Ludacris y Wyclef Jean aparecieron en otra de las canciones. El propio Romeo lo presentaba como un álbum de ritmos diversos, con hip hop, salsa y rap además de bachata; pero eran los invitados quienes entraban en un disco de Aventura, y no al revés.

    El 13 de octubre de 2009 pisaron un escenario todavía más improbable: el jardín sur de la Casa Blanca. Era la noche de «Fiesta Latina», el concierto con el que Barack Obama celebró el Mes de la Herencia Hispana, y entre los artistas a los que el presidente agradeció por su nombre estaban Gloria Estefan, José Feliciano, Los Lobos, Thalía, Marc Anthony y Aventura. Cuatro muchachos criados en el Bronx, cantando bachata en español en la residencia presidencial.

    La escena resume algo que a la música latina hecha en Estados Unidos le tomó décadas conseguir, y que Romeo defendería después con una idea sencilla: no hace falta grabar un disco en inglés para llegar lejos.

    Una pausa con nombre de disco

    The Last fue también su último álbum de estudio, y el título resultó literal. En 2011 el grupo se detuvo. Según explicó Romeo, varios integrantes tenían planes propios y querían probar caminos en solitario. Él inició una carrera individual que merece su propia historia; Lenny y Max formaron otro grupo de bachata, Vena. Durante años, la pregunta de los fans fue una sola: cuándo volverían.


    Volver a Washington Heights, Despedirse en Santo Domingo

    Hubo un anticipo en 2014, cuando los cuatro se juntaron por sorpresa en un concierto de Romeo en Nueva York. El regreso de verdad llegó en febrero de 2016, y eligieron el lugar con intención. No fue un estadio, sino el United Palace, un teatro de unas 3.200 butacas en Washington Heights, el corazón dominicano de Manhattan. Romeo lo explicó desde el escenario: habían vuelto allí «porque todo empezó aquí».

    La primera noche, la fila daba la vuelta al edificio. Adentro se podía comprar un pastelito o un quipe antes de buscar el asiento, como en cualquier fiesta de la comunidad. El pie de micrófono de Romeo llevaba escrito, en letras grandes, el nombre del grupo, y el repertorio fue solo de Aventura: ni una canción de su carrera solista. En una de las funciones evocó ante el público los tiempos en que ellos mismos pagaban sus maquetas. Fue un mes entero de conciertos en el barrio donde aquellas grabaciones habían sonado de auto en auto.

    En 2019 llegó «Inmortal», su primera canción en diez años, incluida en un disco solista de Romeo, y al año siguiente, su primera gira en más de una década. En 2021, el grupo y Bad Bunny unieron fuerzas en una bachata que recibió el título de «Volví». Ese mismo año, en un concierto de Aventura en Santo Domingo, Rosalía apareció por sorpresa en el escenario y cantó con ellos «Obsesión».

    «Inmortal» (2019) fue la primera canción nueva de Aventura desde The Last. Esta versión se grabó en el MetLife Stadium, en un concierto de Romeo Santos al que sus tres compañeros llegaron como invitados.

    La última noche

    La despedida se llamó «Cerrando Ciclos». La gira empezó en mayo de 2024 en Estados Unidos, pasó por Canadá, Europa y América Latina, y terminó donde tenía que terminar. El 5 de enero de 2025, cerca de la medianoche, Aventura dio su último concierto en el Estadio Olímpico Félix Sánchez de Santo Domingo, ante más de 50.000 personas. Era la cuarta vez que llenaban ese estadio en diez días, algo que, de acuerdo con la empresa organizadora, ningún artista había conseguido antes.

    Entre los invitados estuvieron Milly Quezada, Natti Natasha y Judy Santos, la voz del teléfono. Al final, Romeo dijo que el ciclo se cerraba esa noche, aunque no en el corazón del público, y dejó la puerta entreabierta con cuatro palabras: «por ahora está cerrado».

    Vale la pena detenerse en la geografía de ese final. Los muchachos a los que alguna vez les dijeron que no eran bachateros de verdad terminaron su historia en la capital del país donde nació la bachata, con su estadio olímpico lleno cuatro veces.


    Aventura en Musinauta: Claves para el Desafío

    En el desafío diario de Musinauta, cada artista se identifica con seis pistas fijas: Estilo, Origen, Debut, Miembros, Género y Popularidad. En el caso de Aventura, tres de ellas resultan especialmente útiles:

    • Estilo: Tropical, la categoría del juego que agrupa la bachata junto a ritmos como la cumbia, la salsa, el merengue y el vallenato.
    • Origen: Estados Unidos. El grupo canta un género dominicano, pero se formó en el Bronx, y así figura en el juego.
    • Miembros: es un grupo, no un solista.

    💡 Clave estratégica: la combinación de Estilo Tropical y Origen Estados Unidos puede hacer pensar primero en un solista como Marc Anthony. La pista de Miembros resuelve la duda: si indica un grupo, Aventura pasa al frente. Y recuerda que el Origen no sigue al género: la bachata es dominicana, pero este cuarteto figura con Estados Unidos.


    Preguntas Frecuentes sobre Aventura

    ¿Quiénes son los integrantes de Aventura?

    Cuatro músicos forman Aventura: Romeo Santos, voz principal y compositor; Henry Santos, cantante; Lenny Santos, guitarrista y productor, y Max Santos, bajista. El cuarteto nació en el Bronx, Nueva York, a mediados de los años noventa.

    ¿De dónde es el grupo Aventura?

    El Bronx, uno de los cinco distritos de Nueva York, es la cuna de Aventura. Tres de sus integrantes nacieron allí, con raíces familiares dominicanas; el cuarto, Henry Santos, es natural de Moca, en República Dominicana, y se mudó a la ciudad en la adolescencia.

    ¿Los integrantes de Aventura son hermanos?

    Solo Lenny y Max Santos son hermanos dentro de Aventura. Romeo y Henry Santos son primos entre sí, pero ninguno de ellos es pariente de los otros dos: que los cuatro lleven el mismo apellido es pura casualidad.

    ¿Por qué se separó Aventura?

    La pausa de Aventura comenzó en 2011, después del álbum The Last. Romeo Santos la atribuyó a que varios miembros deseaban desarrollar proyectos por separado: él emprendió su etapa como solista, y Lenny y Max Santos crearon el grupo Vena.

    ¿Qué tipo de música toca Aventura?

    Bachata urbana es la etiqueta que terminó identificando el estilo de Aventura. El cuarteto conserva la guitarra requinto, el bongó y la güira de la bachata dominicana, y les suma recursos del R&B y el hip hop, además de pasajes en inglés.

    ¿Quién canta la voz femenina de «Obsesión»?

    Judy Santos es la cantante que hace la voz femenina de «Obsesión», el éxito de Aventura publicado en el álbum We Broke the Rules, de 2002. En enero de 2025 volvió a compartir escenario con el grupo en su despedida en Santo Domingo.

    ¿Qué significa Los Tinellers, el primer nombre de Aventura?

    Los Tinellers equivale a «teenagers» (adolescentes, en inglés) deletreado según su pronunciación en español. Bajo ese nombre, los futuros miembros de Aventura lanzaron en 1996 su disco inicial, Trampa de amor.

    ¿Aventura cantó en la Casa Blanca?

    El jardín sur de la Casa Blanca recibió a Aventura el 13 de octubre de 2009, dentro de «Fiesta Latina», un concierto que el presidente Barack Obama ofreció por el Mes de la Herencia Hispana. En el mismo programa actuaron Marc Anthony, Gloria Estefan y Los Lobos, entre otros.

    ¿Cuándo fue el último concierto de Aventura?

    Con una presentación en el Estadio Olímpico Félix Sánchez de Santo Domingo, el 5 de enero de 2025, Aventura puso fin a su gira de despedida «Cerrando Ciclos». Acudieron más de 50.000 personas, y era la cuarta fecha del cuarteto en ese estadio en diez días.


    Lo Que el Bronx Le Devolvió a la Bachata

    Hay géneros que viajan y se diluyen. La bachata hizo el camino contrario: salió de República Dominicana como música de añoranza, la recogieron cuatro adolescentes que no habían elegido dónde nacer, y regresó convertida en algo capaz de llenar estadios en la misma isla que al principio dudó de ellos.

    Lo que Aventura dejó no es solo un repertorio. Es una demostración que vale para cualquiera de los géneros de la música latina: se puede ser fiel a la música de los padres sin copiarla, y un barrio puede ponerle su acento a un ritmo heredado hasta volverlo propio. Detrás vino toda una generación de bachateros criados en Nueva York, con Prince Royce entre los más conocidos, que encontró el camino ya abierto.

    Si conoces a alguien que creció con estas canciones sonando en un auto, en una fiesta o en la cocina de su casa, compártele esta historia.

    Y si quieres comprobar cuánto sabes de artistas como estos, el desafío de hoy te espera.

  • Quién Escribe Realmente los Éxitos Latinos

    Quién Escribe Realmente los Éxitos Latinos

    Quién Escribe Realmente los Éxitos Latinos

    A finales de los años noventa, en Puerto Rico, Gilberto Santa Rosa tomó el casete de una canción que no era para él y anunció que se la llevaba. Muchos éxitos de la música latina los escriben compositores como Omar Alfanno, Edgar Barrera o ELENA ROSE, autores que crean canciones para que otras voces las hagan famosas.

    La escena la han contado sus propios protagonistas, y resume un oficio que casi nunca llega a las portadas. Mucho se ha escrito sobre los secretos de grabación de los hits latinos, casi siempre desde el lado de quien canta. Esta vez la mirada se detiene un paso antes: en quien escribe, esa figura que suele quedar fuera de la foto aunque su nombre aparezca, en letra pequeña, en cada lanzamiento.

    Antes de conocer a esas plumas, puedes poner a prueba cuánto sabes de las voces que las hicieron famosas.

    El recorrido abarca más de un siglo de canciones. Pasa por una mexicana que llegó a dirigir una orquesta de hombres en Nueva York, por un compositor español que compartía la firma con su esposa bajo un seudónimo, por un odontólogo panameño que cambió la clínica por la guitarra, por un chico de la frontera entre Texas y Tamaulipas que empezó sirviendo café en un estudio de Miami y por una joven de padres venezolanos que pasó años callada en una sala de grabación antes de que el mundo escuchara su voz.


    El Casete Que Cambió de Dueño

    Omar Alfanno nació en Santiago de Veraguas, en Panamá, y durante un tiempo su futuro apuntó a otra profesión. Se graduó como cirujano dentista siguiendo el ejemplo de un tío odontólogo que ya le tenía preparada una clínica. Cuando le anunció que se dedicaría a componer, la noticia fue un golpe para su tío: significaba renunciar a lo seguro para salir con una guitarra a buscar su destino, como lo recordó el propio Alfanno.

    La apuesta salió bien. Sus canciones terminaron en las voces de Marc Anthony, Gilberto Santa Rosa o Jerry Rivera, y su firma quedó ligada a la salsa romántica, ese estilo que convirtió las penas de amor en música para bailar.

    La canción que tenía otro destinatario

    A finales de los noventa, Alfanno escribió «Que Alguien Me Diga» pensando en Ángel López, la voz principal del cuarteto puertorriqueño Son by Four. Roberto Sueiro, que viajaba con Gilberto Santa Rosa a Nueva York para negociar un contrato, le cantó el estribillo durante ese viaje, y el gancho no se le borró de la cabeza al cantante: apenas volviera a Puerto Rico, iría a buscar esa canción.

    Lo que ocurrió después lo han contado los dos lados. Según Ángel López, Alfanno tenía el casete en el bolsillo cuando Gilberto Santa Rosa llegó y reclamó la canción como propia. El salsero coincide en lo esencial: con los primeros acordes se levantó, tomó el casete y se disculpó con los jóvenes del grupo con una frase de veterano: «estas canas se respetan».

    «Que Alguien Me Diga», incluida en el álbum Expresión, se convirtió en una de las canciones más identificadas con Gilberto Santa Rosa, aunque Omar Alfanno la había escrito pensando en la voz de otro cantante.

    El reemplazo que nadie había pedido

    Alfanno no podía dejar a Son by Four con las manos vacías y les escribió otra canción. Se llamó «A Puro Dolor». Ángel López, que todavía lamentaba la que se le había escapado, no quedó convencido al principio; con los años la definió como un mal necesario en su carrera.

    Ese «mal necesario» terminó haciendo historia en las listas: pasó 20 semanas en el número uno de Hot Latin Songs de Billboard, una marca que resistió hasta que «La Tortura», de Shakira, la superó en 2005. La revista terminó ubicándola en la cima de su ranking latino de toda la década de 2000, y la canción tuvo incluso una versión en inglés, «Purest of Pain».

    «A Puro Dolor» nació para reemplazar una canción que se le había escapado a Son by Four y terminó encabezando el ranking latino de Billboard de toda la década de 2000.

    🔥 Dato curioso: el autor del mayor éxito latino de aquella década no lo considera su mejor obra. Alfanno sostiene que su canción más grande es «Conciencia», grabada por Gilberto Santa Rosa: el mismo cantante que se había quedado con aquel casete.

    Que una canción termine lejos de quien la imaginó no es una rareza de los años noventa. Ocurría igual a comienzos del siglo XX, cuando los boleros viajaban en partituras y en discos de pasta.


    La Mexicana Que Escribía Boleros en Nueva York

    En 1916, María Grever se instaló en Nueva York y desde allí construyó una carrera poco común para una mujer de su época. Dirigió una orquesta integrada por hombres, fundó su propia editora musical, promovió a artistas mexicanos en el extranjero y hasta creó un método para aprender español a través de la música.

    Mientras tanto escribía boleros que cruzaron fronteras, como «Te Quiero, Dijiste», «Alma Mía», «Así» o «Volveré», piezas que forman parte del gran cancionero romántico del bolero. Sus melodías pasaron por voces de muchos países y épocas, de José Mojica y Libertad Lamarque a Javier Solís, Luis Miguel o Natalia Lafourcade, pero su nombre casi nunca ocupó el centro del escenario.

    Su trabajo tampoco se limitó al bolero. Compuso música para grandes estudios de cine de Hollywood, llegó a escribir un musical de Broadway y dejó un catálogo que se calcula entre 800 y 1000 canciones, una cifra difícil de precisar para una obra que se extendió durante unas tres décadas.

    Una canción, dos idiomas y una autora en segundo plano

    El caso más curioso de su catálogo es «Cuando Vuelva a Tu Lado». Con una letra adaptada al inglés se convirtió en «What a Diff’rence a Day Makes», y la grabación que hizo Dinah Washington en 1959 fue premiada con un Grammy.

    Después, «What a Diff’rence a Day Makes» pasó por las voces de Sarah Vaughan, Aretha Franklin, Tony Bennett y muchos otros, y es probable que buena parte de esos intérpretes nunca haya oído mencionar a su autora. Es el destino de tantos compositores: la canción viaja por el mundo y el nombre se queda en los créditos.

    Grever, al menos, firmaba con su propio nombre. En España, décadas más tarde, una coautora de grandes clásicos de la balada eligió firmar con un nombre que no era el suyo.


    La Firma Que Venía de Bach

    Manuel Alejandro, compositor nacido en Jerez de la Frontera, está detrás de canciones que Raphael, Rocío Jurado o José José convirtieron en clásicos. Muchas llevan dos firmas. La segunda es Ana Magdalena, el seudónimo con el que su esposa, Purificación Casas, figuró como coautora de títulos como «Se Nos Rompió el Amor», «Ese Hombre» o «Como Yo Te Amo». El nombre lo eligió él, en recuerdo de Anna Magdalena, la segunda esposa de Johann Sebastian Bach.

    La pareja estaba unida desde 1964, y esa sociedad, sentimental y creativa, duró más de cinco décadas. Aun así, durante años muchos oyentes vieron el nombre de Ana Magdalena junto al de Manuel Alejandro sin saber quién estaba detrás.

    La primera oyente

    Purificación Casas era mucho más que un nombre en los créditos. Manuel Alejandro contaba con su visto bueno cada vez que terminaba una canción al piano, y ella fue también su gran musa: «Yo Soy Aquél», el tema que Raphael defendió en Eurovisión, nació pensando en ella.

    Algunas canciones de la pareja, además, cambiaron de voz antes de encontrar la definitiva. Manuel Alejandro contó que «El Amar y el Querer» no la había escrito para José José, sino para sí mismo. Fiel a esa idea, el propio autor la grabó en un disco que salió en 1974. Después, la canción llegó a manos del cantante Rudy Márquez, que la versionó en 1975, y dos años más tarde José José, «el Príncipe de la Canción», la hizo suya hasta convertirla en uno de los temas más asociados a su voz. Con los años llegaron voces tan distintas como Cristian Castro o José Luis Rodríguez, «el Puma». Cuando Purificación Casas murió, en 2021, la Sociedad de Autores y Compositores de México la despidió citando un verso de esa misma canción.

    José José grabó «El Amar y el Querer» en 1977, dos años después de la versión de Rudy Márquez, y la convirtió en uno de los emblemas de su discografía, aunque Manuel Alejandro la había escrito pensando en sí mismo.

    La siguiente pluma de esta historia aprendió el oficio de una manera mucho menos solemne: sirviendo café.


    El Pasante Que Se Atrevió a Decir «No Me Gusta»

    Edgar Barrera nació en McAllen, Texas, y creció entre ese lado de la frontera y Miguel Alemán, en Tamaulipas. Crecer entre dos culturas, ha explicado, le enseñó lo que después aplicaría con cada artista: adaptarse a su mundo. Su padre era músico de cumbia, pero la revelación llegó de un tío: su nombre figuraba en los créditos de un disco de Elvis Crespo, y el chico entendió que se podía formar parte de la carrera de un artista sin ser el artista.

    Lo aceptaron en Berklee, pero no tenía cómo pagarla. Le escribió entonces a Andrés Castro, un productor al que nunca había visto: no podía pagarle, le respondió, pero la puerta estaba abierta. En enero de 2011, Barrera viajó por carretera hasta Miami y empezó como mensajero del estudio, el que servía el café.

    El día que giraron la silla

    Trabajaba como pasante en los proyectos de Carlos Vives cuando un compositor veterano llegó a escribir con Castro una canción para Thalía. Como tenía 20 años, la edad del público al que apuntaba el tema, le pidieron su opinión. No sabía quién era aquel hombre y fue sincero: no le gustaba. El visitante le preguntó qué haría él y lo invitó a escribir con ellos. Esa canción, «Ojalá», fue la primera que le grabaron. El compositor veterano era Omar Alfanno, y los tres nombres quedaron juntos en los créditos.

    Castro y Alfanno lo acompañaron a firmar su primer contrato editorial, y Carmen Alfanno, esposa del compositor, que había dirigido la división latina de Sony/ATV en Estados Unidos, lo orientó para que creara su propia editorial en lugar de ceder sus derechos. El odontólogo que había cambiado la clínica por la guitarra terminó abriéndole la puerta a una de las carreras más exitosas de la composición latina contemporánea.

    Antes de seguirlo por hoteles y giras, mide cuánto sabes de las voces que cantan estas canciones.

    Un estudio que cabe en una mochila

    La primera canción que escribió con Maluma fue «Sin Contrato», y después lo acompañó de gira armando estudios en hoteles, autobuses o aviones. Con Christian Nodal nunca grabó dentro de un estudio: le bastaban una mochila con el equipo, unos cojines alrededor para amortiguar el sonido y una ventana de veinte o treinta minutos.

    🎙️ Voz del compositor: Barrera aprendió estudiando las canciones de Juan Gabriel que una buena canción funciona sin importar el vestido que le pongan: Marc Anthony podía llevarlas a la salsa y Luis Miguel al mariachi, y en ambos casos seguían siendo grandes.

    En enero de 2021, los números uno de cuatro listas de radio latina de Billboard —pop, ritmo, tropical y regional mexicano— fueron «Vida de Rico», de Camilo; «Hawái», de Maluma; «De Vuelta Pa’ la Vuelta», de Marc Anthony y Daddy Yankee, y «Dime Cómo Quieres», de Christian Nodal. Todas llevaban la mano de Barrera, algo que ningún otro compositor latino había logrado. Esa semana el hilo común fue un compositor, una rareza en unos récords de la música latina que suelen llevar nombre de intérprete.

    Después llegó Grupo Frontera, cuyos integrantes crecieron en la misma zona fronteriza entre Texas y Tamaulipas que Barrera. El compositor coincidió por casualidad con MAG, productor de Bad Bunny, y aprovechó ese encuentro para enviarle una grabación de «un x100to»: el puertorriqueño se sumó a la canción. Con esa cumbia norteña, estilo del regional mexicano, el grupo logró su primer top 5 en el Billboard Hot 100. En 2023, Barrera fue el primer ganador de la nueva categoría de Compositor del Año de los Latin Grammy.


    Los Años de Silencio de ELENA ROSE

    ELENA ROSE nació en Miami en 1995 como Andrea Elena Mangiamarchi, hija de padres venezolanos, y creció entre Puerto Rico y Venezuela. Estudió periodismo, aunque los micrófonos que le interesaban no eran los de las noticias, sino los de un escenario.

    De vuelta en Miami empezó a cantar en bares, restaurantes y fiestas, rodeada de músicos que habían tocado con Ricky Martin o Alejandro Sanz; ella misma considera aquellas noches su mejor escuela. Después conoció a su mentor, el productor Patrick Romantik, que la llevó al estudio y le permitió observar sesiones de composición. Así comenzaron sus años de silencio: podía estar en la sala, le dijeron, pero sin que se notara su presencia. Desde ese rincón vio a compositores como Servando Primera y Mario Cáceres dar forma a canciones como «Mayores», de Becky G con Bad Bunny.

    La puerta se abrió en 2019 con «Dollar», de Becky G y Myke Towers. A partir de ahí, su firma empezó a aparecer en canciones de estilos muy distintos, y escribir para otros se convirtió en su oficio principal.

    Una voz que no figuraba en la portada

    Su anécdota más citada viene de Un Verano Sin Ti, el álbum de Bad Bunny. En «Party», el tema que el puertorriqueño grabó junto con Rauw Alejandro, la voz femenina que repite el título en el coro es la suya, y su participación empezó con una nota de voz que envió desde el teléfono.

    Ese lugar al fondo de la canción lo conocen bien otras artistas. Karol G empezó como corista antes de convertirse en «la Bichota», y años después compartió créditos con ELENA ROSE en «MAMIII», el dúo con Becky G que firmaron las dos cantantes, la compositora y el productor Ovy on the Drums.

    Cuando la compositora decidió cantar

    En 2020 publicó su primer sencillo como intérprete, «Sandunga», sin dejar de escribir para otros. El giro más personal llegó con «Caracas en el 2000», junto a Danny Ocean y Jerry Di, una carta de amor a la ciudad donde crecieron los tres. La letra tuvo una colaboradora inesperada en sus primeras etapas: su hermana menor, Cristina, conocida como La Pichu, que además interpreta a Elena adolescente en el video.

    Cuando la canción compitió por Canción del Año en los Latin Grammy, el nombre de La Pichu figuraba entre sus autores, junto al de su hermana.

    El video de «Caracas en el 2000» recorre lugares emblemáticos de la capital venezolana, como el cerro Ávila y la torre La Previsora, y tiene a la hermana menor de ELENA ROSE interpretándola en su adolescencia.

    Tres firmas para un mariachi

    Las historias de Barrera y ELENA ROSE se cruzan en «Por el Contrario», la canción de Becky G con Ángela y Leonardo Aguilar. En los créditos de su nominación como Mejor Canción Regional Mexicana en los Latin Grammy figuran Barrera, ELENA ROSE y Keityn, nombre artístico del compositor Kevyn Mauricio Cruz. En esa misma edición, Barrera volvió a recibir el premio a Compositor del Año.

    Los créditos de otras candidatas a Canción del Año de esa edición mostraban la misma lógica de trabajo compartido: «Según Quién», de Maluma y Carín León, acreditaba a seis autores, y «Mi Ex Tenía Razón», de Karol G, a cinco, incluida la propia cantante. Lejos de la imagen del compositor solitario ante el piano, son canciones hechas a varias manos.

    En el video de «Por el Contrario», Becky G, Ángela Aguilar y Leonardo Aguilar cantan con mariachi en un paisaje desértico; la canción reúne en sus créditos a Edgar Barrera, ELENA ROSE y Keityn.


    Cómo Descubrir Quién Escribió una Canción

    Durante décadas, averiguarlo exigía leer la letra pequeña de un disco. En la era del streaming, los créditos están a pocos toques de distancia: Spotify muestra, desde el menú de cada canción, la información de intérpretes, compositores y productores, un dato que antes quedaba escondido en el librillo de un álbum. Esos créditos se construyen con la información que entregan los sellos, así que vale la pena tomarlos como punto de partida.

    Además, algunos autores tienen una página propia de compositor a la que se llega desde esos mismos créditos. La de ELENA ROSE es un buen ejemplo: su página como compositora reúne más de un centenar de canciones escritas para otros y para ella misma, con «MAMIII», «Party» y «Por el Contrario» entre las más escuchadas.

    Las bases de datos de los autores

    Para una consulta más formal están los registros de las sociedades de autores. En Estados Unidos, ASCAP, BMI, GMR y SESAC comparten Songview, un buscador con autores, editoriales y datos de titularidad de más de 38 millones de obras. Es el tipo de herramienta que usan editores, sellos y productores audiovisuales cuando necesitan saber a quién pertenece una canción.

    Muchos países cuentan, además, con sociedades de autores encargadas de registrar obras y administrar derechos: en México es la Sociedad de Autores y Compositores de México, la misma que despidió a Ana Magdalena, y en España cumple esa función la SGAE. Cuando los créditos de una plataforma llegan incompletos, cruzar la información con esos registros suele despejar las dudas.

    💡 Glosario musical: en los créditos, el intérprete es quien canta o toca; el compositor o autor es quien escribe la música, la letra o ambas; y el productor es quien dirige la grabación y le da forma al sonido. Una misma persona puede ocupar los tres lugares, como ELENA ROSE, que además de escribir y cantar coprodujo su primer sencillo.

    Revisar los créditos cambia la forma de escuchar: detrás de una sola voz puede haber una pequeña multitud, y cada nombre de esa lista tiene una historia propia.


    Estas Plumas en el Desafío de Musinauta

    En el desafío diario de Musinauta se adivinan artistas, no canciones ni autores: las pistas describen a quien interpreta, no a quien escribió. Por eso, para el juego, lo que cuenta es la voz, aunque la historia empiece en la pluma.

    Una ficha que esconde una trampa

    ELENA ROSE une los dos mundos. Además de compositora, forma parte de la base del juego como artista, y su ficha tiene una particularidad: aunque creció entre Puerto Rico y Venezuela y lleva a Caracas en su música, su pista de origen marca Estados Unidos, el país donde nació. El resto de las pistas ayuda a cerrar el círculo: en género aparece como femenino y en miembros figura como solista.

    💡 Clave estratégica: cuando la pista de origen indique Estados Unidos y la de género marque femenino, no descartes a artistas que asocias con otro país. La pista de origen no siempre coincide con el lugar que un artista evoca en sus canciones ni con el acento con el que canta.

    El año de debut también invita a repasar su historia. Como autora, ELENA ROSE despegó con «Dollar» en 2019; como intérprete, publicó su primer sencillo, «Sandunga», en 2020. Tener presentes las dos fechas ayuda a no descartarla por un simple año de diferencia cuando la pista de debut del juego aparezca en pantalla.

    La trampa se vuelve más fina con Becky G, una de las intérpretes con las que ELENA ROSE más ha trabajado. Ambas comparten origen estadounidense, género femenino y carrera como solistas, así que esas tres pistas no alcanzan para separarlas: habrá que fijarse en el estilo, el año de debut y la popularidad, las tres pistas que completan la ficha.

    Conocer la historia detrás de cada voz, y de cada pluma, es la mejor forma de no caer en esas trampas.


    Preguntas Frecuentes sobre los Compositores de la Música Latina

    ¿Quién escribe realmente las canciones de la música latina?

    Quien canta una canción no siempre es quien la escribió: en la música latina, muchos éxitos llevan la firma de compositores profesionales que trabajan para otras voces, solos o en equipo. Omar Alfanno, Manuel Alejandro, María Grever, Edgar Barrera y ELENA ROSE son algunos de esos autores.

    ¿Quién es Edgar Barrera?

    Edgar Barrera es un compositor y productor estadounidense de origen mexicano, nacido en McAllen y criado entre Texas y Tamaulipas, que ha escrito éxitos para Maluma, Camilo, Karol G, Christian Nodal y Grupo Frontera. En 2023 recibió el primer premio a Compositor del Año de los Latin Grammy.

    ¿Quién es ELENA ROSE y qué canciones ha escrito?

    Detrás del nombre artístico ELENA ROSE está Andrea Elena Mangiamarchi, una cantautora nacida en Miami y de raíces venezolanas que se hizo un nombre escribiendo para otros antes de grabar sus propios temas. Su firma aparece en «Dollar», «MAMIII», «Party», «Por el Contrario» y su propia «Caracas en el 2000».

    ¿Quién compuso «A Puro Dolor»?

    «A Puro Dolor», el gran éxito de Son by Four en 2000, es obra del compositor panameño Omar Alfanno. La escribió para el grupo después de que otra canción pensada para su cantante, «Que Alguien Me Diga», terminara en el repertorio de Gilberto Santa Rosa.

    ¿Cómo saber quién escribió una canción?

    Para averiguar quién escribió una canción, lo más rápido es abrir sus créditos en una plataforma de streaming como Spotify, donde aparecen autores y productores. Si hace falta un dato más formal, Songview, la base de datos que comparten ASCAP, BMI, GMR y SESAC, informa quién firmó cada obra y qué editorial la administra.

    ¿Qué diferencia hay entre compositor e intérprete?

    Compositor e intérprete cumplen papeles distintos: el primero crea la canción, ya sea la melodía, las palabras o las dos, y el segundo le pone voz o sonido en la grabación y en el escenario. Una misma persona puede hacer ambas cosas, como ocurre con los cantautores.

    ¿Quién fue María Grever?

    Compositora mexicana de boleros, María Grever trabajó desde 1916 en Nueva York, donde dirigió una orquesta y compuso también para el cine. Su tema más conocido fuera del mundo hispano es «Cuando Vuelva a Tu Lado», que en inglés se tituló «What a Diff’rence a Day Makes» y con el que Dinah Washington ganó un Grammy.

    ¿Para quién era originalmente «Que Alguien Me Diga»?

    Pensada para Ángel López, la voz de Son by Four, «Que Alguien Me Diga» terminó en el repertorio de Gilberto Santa Rosa, que tomó el casete de la maqueta en cuanto la escuchó. Su autor, Omar Alfanno, compensó al grupo con «A Puro Dolor».

    ¿Quién es Ana Magdalena en las canciones de Manuel Alejandro?

    El seudónimo Ana Magdalena pertenecía a Purificación Casas, esposa del compositor español Manuel Alejandro, y con él compartió los créditos de muchas de sus canciones románticas. El nombre rinde homenaje a Anna Magdalena, segunda esposa de Johann Sebastian Bach.

    ¿Quién canta el coro de «Party» de Bad Bunny y Rauw Alejandro?

    Es ELENA ROSE quien canta el estribillo que da nombre a «Party», el tema de Bad Bunny con Rauw Alejandro incluido en Un Verano Sin Ti. La cantautora, que también figura entre los autores de la canción, grabó su parte como un audio desde su teléfono.


    La Letra Pequeña de los Créditos

    Una mexicana en el Nueva York de comienzos del siglo XX, una coautora escondida tras el nombre de la esposa de Bach, un odontólogo que perdió una canción y ganó otra que dominó toda una década, un pasante que se atrevió a decir «no me gusta» y una cantante que esperó en silencio su turno: ninguno era la voz que el público coreaba, y todos estaban en el corazón de esas canciones.

    La próxima vez que una canción no te salga de la cabeza, vale la pena mirar sus créditos. Es probable que aparezca un nombre que no conocías y, detrás de ese nombre, otra historia que merece ser contada. Comparte este artículo con quien siempre se pregunta quién escribió su canción favorita.

    Y si prefieres empezar por las voces, el artista de hoy ya te está esperando.

  • Estados Unidos También Canta en Español

    Estados Unidos También Canta en Español

    Estados Unidos También Canta en Español

    Un día frío de diciembre de 1929, en un restaurante de Harlem, un compositor puertorriqueño que extrañaba el calor de su isla se acercó a un piano casi desarmado y escribió «Lamento Borincano». La música latina en Estados Unidos es la tradición de canciones en español compuestas, grabadas y cantadas dentro del país desde comienzos del siglo XX.

    Esa canción nacida de la nostalgia es uno de los capítulos más conmovedores de la historia de la música latina, y también una de las grabaciones que la Biblioteca del Congreso conserva en su Registro Nacional de Grabaciones, la selección de sonidos que el país considera dignos de preservarse. No está sola en esa lista. La acompañan otras grabaciones en español hechas en suelo estadounidense, y cada una llegó hasta ahí por un camino distinto.

    Mientras recorres esta historia, también puedes poner a prueba tu oído con el reto musical que cambia cada día.

    Cada año, entre el 15 de septiembre y el 15 de octubre, Estados Unidos celebra el Mes de la Herencia Hispana. La fecha de inicio coincide con la independencia de Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua, y al día siguiente llega la de México. Pero la música no esperó a ningún calendario oficial: mucho antes de que existiera esa celebración, el español ya sonaba en las tiendas de discos de Harlem, en las plazas de San Antonio y en los salones de baile de Broadway.

    Lo que sigue no es un inventario de récords. Es un relevo: personas que se pasaron la música de mano en mano, muchas veces sin saberlo, desde el East Harlem de los años veinte hasta la cima de las listas estadounidenses.

    Primero, la canción que nadie iba a pasar por radio

    Antes de volver a 1929, conviene escuchar hasta dónde llegó esta historia. Esta canción tradicional mexicana se grabó en 1958 como cara B, porque su productor estaba convencido de que ninguna emisora la programaría. En 1987, en manos de una banda del este de Los Ángeles, terminó en lo más alto.

    La banda sonora de 1987 que incluyó esta versión de «La Bamba» vendió dos millones de copias en Estados Unidos, y el videoclip de Los Lobos ganó un premio MTV en 1988.


    Una Hermana, una Tienda y un Piano Desvencijado

    La tienda que le regaló tiempo a un compositor

    Rafael Hernández nació en 1892 en Aguadilla, Puerto Rico, y aprendió música en las bandas municipales de la isla, que en esa época suplían la falta de escuelas de música enseñando a chicos de familias sin recursos. Así pasó por la corneta, el violín, el trombón, la guitarra y el piano. Durante la Primera Guerra Mundial cruzó el Atlántico como integrante de la banda del 369.º Regimiento de Infantería, que dirigía James Reese Europe: un conjunto de músicos afroamericanos y puertorriqueños que ayudó a que el jazz se escuchara en Francia.

    A la vuelta, su vida fue un ir y venir: tocó jazz en giras por Estados Unidos, dirigió la orquesta de un teatro de La Habana y formó el Trío Borinquen. Pero cuando necesitaba un lugar donde sentarse a escribir, lo encontraba en Nueva York, gracias a su hermana.

    En 1927, Victoria Hernández abrió en East Harlem Almacenes Hernández, posiblemente la primera tienda de música de propiedad puertorriqueña en Nueva York. La tienda sostenía a la familia y le daba a Rafael algo que casi ningún músico migrante tenía: tiempo para componer. Victoria, además, trabajaba como representante y agente de contrataciones de su hermano, y el local se convirtió en punto de encuentro de los músicos del barrio.

    Aquella primera tienda se vendió en 1939. En 1941 Victoria abrió otra en el Bronx, que en 1969 pasó a manos del compositor Mike Amadeo con el nombre de Casa Amadeo. El Servicio de Parques Nacionales la describe como la tienda de música latina con ocupación continua más antigua de la ciudad.

    Una grabación con una estrofa de menos

    Según contó el propio Hernández, aquel día de diciembre de 1929 estaba en un restaurante de Harlem recordando con unos amigos el calor de Puerto Rico cuando vio un piano arrinconado y empezó a componer. La canción cuenta la historia de un jíbaro, un campesino, que baja feliz a la ciudad a vender su cosecha, pasa la mañana entera sin que nadie le compre y regresa preguntándose qué será de su tierra y de su familia.

    El 14 de julio de 1930, Canario y su Grupo la grabó por primera vez para RCA Victor en Nueva York. La voz principal fue la de Pedro Ortiz Dávila, «Davilita», que tenía 18 años y debutaba ese día en un disco. Hubo tanta prisa por grabarla que la versión quedó incompleta: según Alejandro «Chalí» Hernández, hijo del compositor, Canario no le dio tiempo a su padre de terminar una de las estrofas.

    La estrofa perdida no frenó nada. El disco impulsó al mismo tiempo las carreras de Hernández, de Canario y de Davilita, y la canción se volvió un himno no oficial para los puertorriqueños de la isla y de la diáspora. El musicólogo Francisco López Cruz, que tocó con Hernández, recordaba que se vendió en toda América Latina porque el campesino de la canción se parecía al de muchos otros países. Con el tiempo la grabaron Daniel Santos, José Feliciano y Marc Anthony, un neoyorquino de raíces puertorriqueñas.

    🔗 Relacionado: Hernández escribió su lamento en ritmo de bolero, el género romántico nacido en Cuba, el mismo al que pertenece «Preciosa», otra de sus canciones más queridas.

    Daniel Santos, estrella del bolero en toda América Latina, figura entre los intérpretes que mantuvieron viva «Lamento Borincano» mucho después de aquella primera grabación apurada de 1930.


    El Niño de Harlem Que Aprendió Piano con Victoria

    Los vecinos, el tambor y una maestra de piano

    Tito Puente nació en 1923 en Spanish Harlem, hijo de padres puertorriqueños. De chico, lo que más lo atraía era la percusión, y golpeaba con tanto entusiasmo que las quejas de los vecinos terminaron convenciendo a su madre de que lo mejor era mandarlo a clases de batería.

    Antes de los tambores, sin embargo, hubo un piano. Tito empezó a estudiarlo a los ocho años, y una de las personas que le enseñó fue Victoria Hernández, la hermana de Rafael: la misma mujer que le había comprado tiempo al compositor de «Lamento Borincano». La cadena ya estaba en marcha, aunque ninguno de los dos lo supiera.

    El chico tenía energía para todo. A los doce años armó un número de baile con su hermana Anna, inspirado en Fred Astaire y Ginger Rogers. Siendo todavía muy joven ganó diez dólares en un concurso por reproducir nota por nota el solo de batería de Gene Krupa, su ídolo, en «Sing, Sing, Sing». Y a los quince algunos ya lo llamaban «el Niño Prodigio», según reconstruye un ensayo publicado por la Biblioteca del Congreso.

    Los timbales pasan al frente

    A los diecinueve entró en la orquesta de Machito, la más importante de la música latina de esos años, y poco después cumplió su servicio en la Marina, donde llegó a dirigir la banda del barco. Al volver estudió en la Juilliard gracias a los beneficios educativos para veteranos conocidos como GI Bill, y consiguió sus primeras tardes de domingo con banda propia en un salón nuevo de Broadway: el Palladium.

    Entre 1948 y 1966, ese salón de la esquina de Broadway y la calle 53 fue la meca neoyorquina de la música de baile afrocaribeña. Tito compartía el cartel con Machito y Tito Rodríguez, los otros reyes del mambo, y con Rodríguez mantenía una rivalidad que se jugaba sobre el escenario. Su música unía la instrumentación de las grandes bandas de jazz con ritmos del son cubano.

    Tito impuso una costumbre que hoy es la norma entre los timbaleros: sacó los timbales del fondo de la orquesta, los puso adelante y empezó a tocarlos de pie, para poder marcar las entradas a sus músicos. Ya en la banda de Machito había convencido al director de adelantar el instrumento para poder tocar y bailar al mismo tiempo. Era exigente con la música y cariñoso con su gente: cuando a Bobby Rodríguez, su bajista de muchos años, empezó a fallarle la vista, Tito compró una fotocopiadora de gran formato para ampliarle las partituras.

    «El Cayuco» abre Dance Mania (1958), el disco que más vendió Tito Puente en su etapa con RCA Victor. En las congas del disco estaba Ray Barretto.

    🔥 Hito musical: Dance Mania formó parte en 2002 de la primera selección del Registro Nacional de Grabaciones, y Billboard la señala como la primera grabación de música latina que ingresó a esa lista, la misma que hoy también conserva «Lamento Borincano».

    El Palladium cerró, pero Tito siguió. Cuando llegó la era de la salsa neoyorquina, volvió a subirse a la ola junto a una generación nueva de estrellas, muchas de las cuales habían pasado antes por su orquesta.


    Una Letra Guardada en un Envoltorio de Chicle

    A más de dos mil kilómetros de Harlem, otra historia se estaba escribiendo en Texas. Lydia Mendoza nació en 1916 en Houston, en una familia de músicos. En 1928 los Mendoza leyeron en el diario La Prensa que el sello Okeh buscaba cantantes; pidieron prestado el auto de un amigo, viajaron a San Antonio y grabaron diez canciones en familia.

    A comienzos de los años treinta se instalaron en San Antonio y tocaban en la Plaza del Zacate, un mercado al aire libre. Lydia ya cantaba sola, y un concurso de canto en la radio le abrió a la familia la puerta de Bluebird, el sello subsidiario de Victor. Los productores le pidieron a la joven que grabara algunos temas como solista.

    Un cuarto de hotel convertido en estudio

    La sesión no se hizo en un estudio. En 1934, en una sala improvisada del Texas Hotel de San Antonio, Lydia grabó «Mal Hombre» con su guitarra de doce cuerdas como único acompañamiento. La letra, según contaba ella misma, la había aprendido años antes, impresa en el envoltorio de un chicle. Es la queja de una mujer contra el hombre despiadado que le rompió el corazón, y el éxito fue tan grande que Bluebird le ofreció un contrato y siguió grabándola durante una década.

    Esta es la grabación de 1934 que lanzó a Lydia Mendoza. En las etiquetas de Bluebird de aquellos años, su nombre apareció impreso con un error: «Lidya».

    La canción que le pedían cada noche

    La llamaron «la Alondra de la Frontera». Con su familia se volvió una atracción segura en los pequeños teatros del oeste del país donde vivían comunidades de ascendencia mexicana, y en una entrevista publicada en 1982 contaba que no pasaba una sola noche sin que alguien le pidiera «Mal Hombre».

    El reconocimiento oficial llegó tarde, pero llegó. En 1982 fue la primera texana en recibir la National Heritage Fellowship, que otorga el Fondo Nacional para las Artes, y «Mal Hombre» entró al registro de la Biblioteca del Congreso en 2010. En 2013, el Servicio Postal de Estados Unidos inauguró su serie de sellos Music Icons con uno dedicado a ella.

    Antes de que Selena se convirtiera en la gran estrella de la música tejana, Lydia ya había demostrado que se podía construir una carrera enorme cantando en español desde Texas, con una guitarra y una voz que no necesitaban traducción.

    Si ya tienes en mente a varios de estos nombres, el desafío de hoy es una buena oportunidad para comprobar cuánto sabes.


    Quinientas Estrofas Imposibles de Traducir

    Un Thunderbird rumbo a San Francisco

    En el verano de 1958, Bob Keane, al frente del sello Del-Fi, manejaba su Thunderbird hacia San Francisco para llevar a su nueva promesa a su primera aparición en la televisión de esa ciudad. Ritchie Valens tenía 17 años e iba en el asiento de atrás, rasgueando la guitarra todo el camino. En un momento, Keane escuchó una melodía que le pareció ideal para un disco de rock: era «La Bamba», una vieja canción tradicional de la región de Veracruz.

    Keane no creía que una canción en español pudiera ser un éxito. Tenía un tema fuerte para la cara A, la balada «Donna», y eligió «La Bamba» para la cara B justamente por estar en español: estaba convencido de que nadie la iba a programar. Se equivocó. Un mes después de que «Donna» llegara al número dos, los DJ de rock de todo el país ya pasaban también el lado B.

    Un resfriado que quedó grabado

    Valens tampoco estaba cómodo. Sentía que convertir una canción tradicional mexicana en un producto comercial era faltarle el respeto a su cultura, y no se animaba a cantar en español porque su acento no era bueno. Fue a ver a su tía favorita, Ernestine Reyes, con un plan: traducirla al inglés. Según ella, el chico no sabía nada de español, y la canción tiene tantas estrofas que ella calculaba unas quinientas. Terminaron abandonando la traducción, y Ritchie la grabó en el idioma original.

    Según recordaba Keane, el día de la sesión Ritchie llegó con un fuerte resfriado. Como no se podía cancelar a los músicos ni perder el estudio, el productor lo hizo cantar lejos del micrófono mientras grababan la base y después sobregrabó su voz. En un corte, Ritchie entra apenas antes de tiempo, y ese pequeño desliz quedó en la versión final: nadie se tomó el trabajo de borrarlo porque, total, pensaban que casi nadie iba a escuchar ese disco.

    🎙️ Declaraciones: En una entrevista con NPR en el año 2000, Bob Keane seguía asombrado por lo que había logrado un solo disco, y aseguraba que en toda su carrera en la industria nunca había visto nada parecido.

    Con sus apariciones en programas como American Bandstand, Valens se convirtió en lo que NPR describió como el primer ídolo adolescente latino. Su paso por los primeros planos duró apenas nueve meses: en febrero de 1959 murió en un accidente aéreo en Iowa, junto a Buddy Holly y J. P. Richardson, conocido como «The Big Bopper».

    La Biblioteca del Congreso incorporó «La Bamba» de Valens a su registro en 2018, el mismo que ya guardaba «Mal Hombre», «Lamento Borincano» y Dance Mania. Lejos de California, el rock cantado en español iría construyendo en los años ochenta escenas propias en Madrid, Buenos Aires y Ciudad de México.


    1987: «La Bamba» en la Cima y las Canciones del Padre

    La banda del este de Los Ángeles

    En 1987 llegó a los cines una película biográfica sobre Valens que llevaba el mismo nombre que la canción, y para su banda sonora se convocó a Los Lobos, un cuarteto del este de Los Ángeles que ya conocía de sobra el son jarocho y la música de Valens antes de que existiera la película. Su versión de «La Bamba» llegó al número uno del Hot 100 de Billboard el 29 de agosto de 1987 y se quedó ahí tres semanas: fue la primera canción en español en alcanzar la cima de esa lista.

    La canción que Keane había escondido en una cara B, convencido de que ninguna radio la iba a pasar, terminó en lo más alto de la principal lista de sencillos del país, en el mismo idioma en que Valens se había resignado a grabarla.

    El cuadernillo de la tía Luisa

    Ese mismo año, una de las voces más exitosas del rock y el country estadounidense publicó un disco del que su discográfica esperaba muy poco. Linda Ronstadt había crecido en Tucson, Arizona, en una familia en la que se cantaba en español: su padre ponía discos de música mexicana y todos cantaban juntos. Grabar esas canciones era un sueño que venía postergando porque el mercado se resistía a verla salir del rock, el pop y el country.

    El título, Canciones de Mi Padre, venía de mucho antes. En enero de 1946, la Universidad de Arizona había publicado un cuadernillo con ese mismo nombre, firmado por Luisa Espinel, tía de Linda y cantante con carrera internacional. Recogía canciones que el padre de Luisa —Fred Ronstadt, abuelo de Linda— había traído de Sonora, y Luisa recordaba verlo cantar esas viejas melodías sonorenses con la guitarra, sentado bajo el parral del patio al caer la tarde en verano.

    Fotos de vacas para el arreglista

    Para grabarlo, Ronstadt trabajó con Rubén Fuentes, director del Mariachi Vargas de Tecalitlán, y con músicos de otros tres mariachis de Los Ángeles. No siempre estuvieron de acuerdo. Fuentes quería un sonido moderno y urbano; ella, según contó, le llevaba una y otra vez fotos de vacas y los viejos discos monoaurales que recordaba de su infancia. Terminaron encontrando un punto medio.

    El disco ganó un Grammy, fue doble platino y, según la Biblioteca del Congreso, es la grabación en un idioma distinto del inglés más vendida de la historia discográfica estadounidense. A Ronstadt, sin embargo, la marcó otra cosa: el público. A sus conciertos de rock la gente iba en pareja; a las funciones de estas canciones llegaban la madre, el abuelo y los nietos, y sabían exactamente en qué momento gritar y en cuál guardar silencio.

    «Los Laureles» es una de las trece canciones de Canciones de Mi Padre, grabadas junto a cuatro mariachis de primer nivel, entre ellos el Mariachi Vargas de Tecalitlán y Los Camperos de Nati Cano.

    Los propios mariachis notaron el efecto: su público creció, y con él el orgullo por esa música como expresión de la herencia mexicana en Estados Unidos. Con el tiempo, Ronstadt llegó a decir que el segundo volumen, Más Canciones, le había salido mejor, porque en el primero todavía no estaba lista. Aun así, fue Canciones de Mi Padre el que entró al registro de la Biblioteca del Congreso en 2022.


    El Regreso de la Plena

    De Canario a Bad Bunny

    Canario, el músico que se apuró a grabar «Lamento Borincano» en 1930, con el tiempo se hizo famoso como intérprete y compositor de plena, un género afropuertorriqueño en el que el canto y respuesta ocupa un lugar central y que surgió en Ponce alrededor del cambio del siglo XIX al XX. Esa tradición tenía todavía una cita pendiente con las listas estadounidenses.

    En febrero de 2026, días después de encabezar el espectáculo de medio tiempo del Super Bowl, Bad Bunny llegó al número uno del Hot 100 con «DtMF», su primer número uno como solista. Las raíces de la canción están en la plena, pero la producción la cruza con el pulso del reggaetón, y Rolling Stone la señaló como la primera plena en llegar a lo más alto de esa lista. Con ella se sumó a un grupo cortísimo: es apenas la cuarta canción total o mayoritariamente en español que lo consigue, después de «La Bamba» de Los Lobos en 1987, «Macarena (Bayside Boys Mix)» de Los del Río en 1996 y «Despacito» de Luis Fonsi y Daddy Yankee con Justin Bieber en 2017.

    El género que Canario grababa en Nueva York en aquellos años volvió así a sonar en todo el país, esta vez desde lo más alto de las listas.

    Un mapa que no deja de crecer

    Entre aquel restaurante de Harlem y esta plena caben muchas otras estaciones. En el Bronx donde creció Jennifer Lopez, hijos de familias dominicanas llevaron la bachata a las listas con un sonido mezclado con R&B. En el sur de California, jóvenes de familias mexicanas reinventaron el corrido y lo convirtieron en uno de los fenómenos que explican el auge global del regional mexicano.

    Cada una de esas escenas tiene su propia historia, pero todas comparten el mismo punto de partida: gente que llegó a Estados Unidos, o que nació ahí, y decidió que su música no tenía por qué cambiar de idioma.


    Cómo Leer la Pista de Estados Unidos en Musinauta

    En el desafío diario de Musinauta, cada artista se identifica con seis pistas fijas: Estilo, Origen, Debut, Miembros, Género y Popularidad. La historia de este artículo sirve para leer una de ellas, el Origen, con más precisión.

    Estados Unidos no significa inglés

    Que un artista figure con origen Estados Unidos no quiere decir que cante en inglés. Marc Anthony, por ejemplo, aparece con ese origen y con el estilo Tropical, el que mejor lo define. Puerto Rico, en cambio, figura en el juego como un origen propio, distinto de Estados Unidos, y es el que figura en la ficha de Ozuna.

    La escena no siempre marca el origen

    Nicky Jam y Arcángel, dos nombres muy asociados a la escena urbana puertorriqueña, figuran en el juego con origen Estados Unidos, no Puerto Rico. Por eso conviene no deducir el Origen de un artista solo por la escena en la que se hizo famoso.

    💡 Clave estratégica: Si la pista de Origen marca Estados Unidos, no descartes a nadie por el idioma en que canta. Antes de arriesgar un nombre, cruza ese dato con el Estilo, el Debut y la cantidad de Miembros.

    Cuando el Origen y el Género coinciden, hay que mirar el resto. Selena y Selena Gomez comparten ambas pistas, así que la diferencia aparece en otras como el Debut o el Estilo. Y la pista de Miembros separa enseguida a los grupos, como Aventura, CNCO o Eslabon Armado, de los solistas.


    Preguntas Frecuentes sobre la Música Latina en Estados Unidos

    ¿Cuál fue la primera canción en español en llegar al número uno del Hot 100?

    Con la versión que grabó Los Lobos para la película sobre Ritchie Valens, «La Bamba» se convirtió en 1987 en la primera canción en español número uno del Hot 100 de Billboard, puesto que ocupó durante tres semanas.

    ¿Por qué el Mes de la Herencia Hispana empieza el 15 de septiembre?

    El 15 de septiembre es el aniversario de la independencia de Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua, y por eso el Mes de la Herencia Hispana arranca ese día y se extiende hasta el 15 de octubre. México celebra su independencia el 16 de septiembre.

    ¿Qué grabaciones latinas conserva la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos?

    En el Registro Nacional de Grabaciones de la Biblioteca del Congreso figuran, entre otras obras latinas, Dance Mania de Tito Puente, «Mal Hombre» de Lydia Mendoza, «Lamento Borincano» de Canario y su Grupo, «La Bamba» en la versión original de Ritchie Valens y Canciones de Mi Padre de Linda Ronstadt.

    ¿Dónde compuso Rafael Hernández «Lamento Borincano»?

    El bolero «Lamento Borincano» nació en Harlem, Nueva York: según su propio relato, Rafael Hernández lo compuso a fines de 1929 en un restaurante del barrio. La primera grabación la hizo Canario y su Grupo en julio de 1930.

    ¿Por qué Ritchie Valens grabó «La Bamba» en español?

    La idea inicial de Ritchie Valens era traducir «La Bamba» al inglés, y llegó a intentarlo con su tía Ernestine Reyes. La canción tradicional tiene cientos de estrofas, así que el proyecto se abandonó y el tema se grabó en español en 1958, aunque, según su tía, él no hablaba el idioma.

    ¿Quién fue Lydia Mendoza?

    Conocida como «la Alondra de la Frontera», Lydia Mendoza fue una cantante y guitarrista de doce cuerdas nacida en Houston en 1916, una figura esencial de la música tejana. Su grabación de «Mal Hombre», realizada en San Antonio en 1934, la llevó a la fama.

    ¿Qué significa el título Canciones de Mi Padre de Linda Ronstadt?

    Linda Ronstadt tituló Canciones de Mi Padre su disco de 1987 como homenaje a la música mexicana que escuchaba en casa de su padre, en Tucson. El nombre repite el de un cuadernillo que su tía, la cantante Luisa Espinel, publicó con la Universidad de Arizona en 1946, con canciones que el abuelo de Linda había traído de Sonora.

    ¿Quién le enseñó piano a Tito Puente?

    Victoria Hernández, dueña de una tienda de música en East Harlem y hermana del compositor Rafael Hernández, figura entre los maestros de piano de Tito Puente. El futuro «Rey del Timbal» empezó con ese instrumento a los ocho años y después se volcó a la percusión.

    ¿Qué género musical es «DtMF» de Bad Bunny?

    Bad Bunny construyó «DtMF» sobre la plena, el ritmo afropuertorriqueño en el que el canto y respuesta es protagonista, y le añadió elementos de reggaetón. En febrero de 2026 la canción le dio su primer número uno como solista en el Hot 100 de Billboard, y Rolling Stone la destacó como la primera plena en alcanzar esa posición.

    ¿Qué era el Palladium de Nueva York?

    Nueva York llamó «la casa del mambo» al Palladium Ballroom, un salón de baile ubicado en Broadway y la calle 53 de Manhattan. Desde fines de los años cuarenta hasta su cierre, en 1966, sus escenarios reunieron a las orquestas de Machito, Tito Puente y Tito Rodríguez.


    Una Cadena Que Sigue Abierta

    La música latina de Estados Unidos no se entiende como una sucesión de éxitos aislados, sino como una cadena. Victoria Hernández le dio a su hermano el tiempo para escribir «Lamento Borincano» y le enseñó piano a un chico de Harlem que después pondría los timbales al frente de la orquesta. Lydia Mendoza cantó en un cuarto de hotel una letra aprendida en un envoltorio de chicle. Ritchie Valens no pudo traducir una canción y la grabó tal como era. Linda Ronstadt volvió a las canciones de su padre y de su tía, mientras Los Lobos devolvían «La Bamba» a la cima.

    Ninguno de ellos pensaba en listas ni en registros oficiales. Cantaban en el idioma de su casa, en el país donde vivían. Que en 2026 una canción levantada sobre la plena llegue al número uno es, en el fondo, la continuación de lo que empezó aquel día de 1929 en Harlem.

    Si conoces a alguien que todavía cree que en Estados Unidos solo se canta en inglés, compártele este artículo.

    Y si quieres seguir la cadena desde otro lugar, el desafío de hoy te espera con un nuevo artista.