Willie Colón: El Trombón que Hizo Sonar al Bronx
En la calle 139 del sur del Bronx, un niño crecía rodeado de congas, botellas y latas que sonaban en la acera; años después, él llamaría a esos ritmos sus canciones de cuna. Willie Colón (1950-2026) fue el trombonista, compositor y productor neoyorquino que convirtió el sonido de su barrio en uno de los pilares de la salsa.

Detrás de ese oído había una mujer. Su abuela Antonia, «Toña», una campesina de Manatí, en el norte de Puerto Rico, había llegado a Nueva York a los 22 años y murió a los 91 sin haber aprendido inglés. Fue ella quien lo crio y quien, según recordaba el músico, le repetía: «No olvides que tú eres puertorriqueño».
Antes de seguir el rastro de ese trombón, pon a prueba cuánto sabes de música latina con el reto que cambia cada día.
Lo que sigue no es la historia de un niño prodigio de conservatorio. Es la de un muchacho que aprendió de oído, que cambió de instrumento por un solo escuchado en un disco ajeno, que armó su orquesta con lo poco que sabía manejar y que pasó más de medio siglo metiendo en la salsa todo lo que llegaba a sus manos, de una canción infantil de Ghana a un clásico brasileño. Es también uno de los capítulos esenciales de la música latina hecha en Estados Unidos.
Primero, el riff que el Bronx sabe de memoria
Antes de cualquier explicación, vale la pena verlo en su elemento: con el trombón en la mano, junto a Héctor Lavoe y al cuatrista Yomo Toro, tocando una de las canciones que mejor resumen su sonido.
Más de cinco décadas después de grabar «La Murga» (1970), un grupo de trombonistas tocaría este mismo riff para despedir a Willie Colón frente a la catedral de San Patricio.
Congas, Botellas y un Solo de Trombón Ajeno
Willie Colón nació el 28 de abril de 1950 como William Anthony Colón Román, hijo de padres puertorriqueños, en un sur del Bronx que la migración desde la isla estaba transformando. Lo evocaba con los sentidos: su calle 139 parecía un pedazo del Caribe, con carteles en español en las tiendas, radios encendidas desde la mañana y olor a café en todas las cocinas.
En casa, el idioma también era cosa de su abuela. Antonia le enseñó un español que sus propios padres habían perdido en las calles de Nueva York, en una época en la que crecer con dos idiomas ni siquiera se consideraba una ventaja.
El nieto que leía el periódico en voz alta
Entre los dos había un intercambio. Ella ponía en el tocadiscos danzas puertorriqueñas y mucha música jíbara, la de los campesinos de la isla; él le leía el periódico en voz alta. Cuando terminaban las clases, lo mandaba a la finca de sus primas y hermanas en Manatí, y para el desfile puertorriqueño de Nueva York lo llevaba con chaqueta y corbata en pleno verano, porque, como recordaba Colón, aquello era «una cosa seria».
Esos veranos y esos discos le dieron una idea de Puerto Rico vista desde adentro; la calle le daba la otra mitad, la de un muchacho del Bronx que crecía hablando inglés.

Una banda de esquina que pasaba el sombrero
La primera trompeta se la regaló su abuela, y a los 12 años el muchacho ya la tocaba. Con otros tres chicos formó una banda callejera, The Dandies: acordeón, trompeta, clarinete y conga, instalados frente a un local del barrio y pasando el sombrero entre canción y canción. Fueron tres o cuatro años en la acera. Colón los recordaba con una broma: la gente les tiraba monedas mientras tocaban y billetes cuando dejaban de hacerlo. Enseguida aclaraba que no era cierto.
El disco que pagó el dueño de una gasolinera
Entonces, un disco le cambió el rumbo. Lo había financiado Joe Cotto, el dueño de una gasolinera que, según Colón, era un músico frustrado: tocaba muy mal, pero tenía dinero para pagar arreglos. En la voz estaba el puertorriqueño Mon Rivera y en el trombón, Barry Rogers. Cuando Colón escuchó el solo de Rogers en «Dolores», ya no quiso seguir tocando la trompeta: aquel trombón rugía, y él quería rugir igual.
Dos años después de empezar con la trompeta, el trombón ya era su instrumento. Rivera y Rogers fueron siempre sus grandes influencias: del cantante tomó la idea de un sonido dominado por los trombones, y la forma de tocar de Rogers, en sus palabras, le hablaba directamente.
La big band que le quedó grande
Primero intentó armar una gran orquesta al estilo de Machito o Tito Puente, pero no tenía la técnica para sostenerla. Se quedó con lo que podía manejar: dos trombones y una sección rítmica. Sabía poco de armonía, así que elegía de oído cualquier par de notas que le sonara bien, y a veces escribía las dos líneas separadas por un solo paso, para que rozaran entre sí.
Ese roce, que cualquier profesor habría corregido, se convirtió en su firma. Jazzistas como Grover Washington aparecían en sus presentaciones para preguntarle qué estaba haciendo, y él no sabía qué responder: era puro instinto. Tenía, además, un aliado que casi nadie conocía. Su mentor, el pianista Charlie Palmieri, guardaba una libreta con los nombres de los jóvenes que tocaban bien, muchos de ellos alumnos suyos, y gracias a ella Colón encontró a músicos como el timbalero Nicky Marrero y el bajista Eddie «Guagua» Rivera.
Diecisiete Años, un Disco Áspero y un Cantante Prestado
Colón tenía 17 años cuando publicó El Malo (1967) en Fania Records, el sello que Johnny Pacheco y Jerry Masucci habían fundado tres años antes. Sonaba crudo y poco ortodoxo, y la crítica y los músicos mayores lo recibieron con desprecio. En la pista de baile, sin embargo, aquel sonido empezó a pegar.
El disco terminó vendiendo más de 300.000 copias, y su primer éxito ni siquiera tenía letra: fue un instrumental llamado «Jazzy». El título del álbum, además, le dejó a Colón un apodo para toda la vida.
Un apodo con dos versiones
Ese apodo tiene dos explicaciones. La de Fania sostiene que a Colón lo llamaron «el Malo» porque los músicos mayores lo consideraban un mal trombonista, no un mal muchacho.
La suya era más íntima. Contó que creció como el único varón de la casa y que desde chico le tocó defender a su abuela, a su madre y a su hermana. De ahí, decía, venía su fama de duro.
🎨 Identidad visual: Fuera cual fuera el origen, Colón convirtió el apodo en personaje. Para la portada de La Gran Fuga, el diseñador Izzy Sanabria imitó un cartel de «se busca», con huellas dactilares incluidas, y el parecido con los carteles oficiales fue tal que el FBI pidió retirar su nombre de la portada. Colón insistió siempre en que todo era humor seco, un guiño que su orquesta nunca se tomó en serio.
El cantante que iba a grabar un solo disco
Antes de El Malo, Héctor Lavoe y Willie Colón eran rivales. Lavoe cantaba con The New Yorkers, una orquesta de muchachos recién llegados de Puerto Rico; Colón y los suyos, nacidos en Nueva York y con poco español, habían bautizado la propia con un nombre en español: La Dinámica. Los nombres parecían intercambiados.
Fue Johnny Pacheco quien propuso juntarlos y terminó por convencer a los dos. Colón, que tenía unos 16 años, no estaba entusiasmado, porque la competencia entre ambos era intensa. Lavoe aceptó con una condición que hoy suena a chiste: grabaría un solo disco, porque, según la versión de Colón, aquella orquesta tocaba mal. Colón nunca le pidió formalmente que se quedara. Siguieron juntos ocho años.
De Ghana a Panamá sin Salir de Nueva York
Si algo definió el oído de Colón fue su apetito por lo que venía de lejos. El mayor éxito de Cosa Nuestra (1969), «Ché Ché Colé», se inspiró en un juego infantil africano, y el resultado sonaba a patio de escuela, a tambor caribeño y a fiesta de barrio al mismo tiempo.

El origen concreto es una canción tradicional que cantan los niños en Ghana, conocida como «Che Che Koolay» y extendida por medio mundo gracias a la migración de las últimas décadas. Colón la trasladó al lenguaje de la salsa neoyorquina, y la canción catapultó a su dupla con Lavoe al estrellato de la noche a la mañana.
Colón escribía casi todas sus canciones en un teclado, y las primeras, como «Ché Ché Colé», nacieron en un modesto órgano de acordes.
La misma curiosidad lo llevó hacia el sur. «La Murga», grabada con Lavoe en 1970, viene de la murga panameña, un estilo folclórico con variantes en Argentina y Uruguay, y Colón la transformó en un riff de trombones que el público reconoce desde la primera nota.
El «galinging-galinging» que nadie quería escuchar
Hubo un sonido, sin embargo, que le costó defender: el de su propia casa. En el Bronx de su adolescencia, los muchachos se burlaban de cualquier música con cuerdas y la llamaban, con desprecio, «galinging-galinging». Los tríos románticos y la música jíbara eran cosa de campesinos; lo que estaba de moda era Tito Puente, la música cubana y el jazz. Colón, que había crecido con los discos de su abuela, decidió volver moderna esa música del campo.
Para lograrlo pensó en alguien a quien escuchaba desde niño. Su madre trabajaba en la calle 149, y cuando él iba a verla después de la escuela pasaba frente a La Campana, un local donde tocaba el cuatrista Yomo Toro; a veces se detenía a escucharlo. Le pidió a Lavoe que lo buscara, y así nació Asalto Navideño (1970), un disco que puso el cuatro puertorriqueño, uno de los instrumentos esenciales de la música latina, en el centro de la salsa. El «galinging-galinging» dejó de ser una broma: Yomo Toro terminó tocando con la Fania All-Stars.
🎙️ Voz del artista: Colón resumió su visión con una frase: «La salsa no es un ritmo, es un concepto». Para él, el género no era una simple copia del son cubano, sino una forma de reconciliar bombas, plenas, calipso, samba y cumbia, algo que, sostenía, solo podía haber nacido en una ciudad como Nueva York.
Si a esta altura ya distinguirías a Colón entre otros salseros, el desafío de hoy te propone adivinar al artista del día a partir de sus pistas.
El Productor Detrás de las Voces Ajenas
A mediados de los años setenta, Lavoe se lanzó como solista, y Colón descubrió que podía brillar desde otro lugar: el estudio. Siguió produciendo los discos de su antiguo cantante y, en pocos años, también los de dos de las voces más importantes de la salsa.
Las cuerdas que prometió pagar de su bolsillo
Para uno de esos discos, Colón quiso algo que la salsa casi no usaba: cuerdas, un recurso que acababa de ensayar en un proyecto para la televisión pública de Nueva York. Jerry Masucci, uno de los dueños de Fania, no quería saber nada. Colón le propuso un trato: si la canción no se convertía en un éxito, él mismo pagaría a los músicos de cuerda. La canción era «Periódico de Ayer», y terminó siendo una de las más grandes de Lavoe.

Una canción brasileña para Celia Cruz
En 1977 llegó su primer disco a dúo con Celia Cruz, y Colón, que lo produjo, le propuso abrirlo con una canción que no se parecía a nada de su repertorio: una versión de «Você Abusou», un tema de los bahianos Antônio Carlos y Jocafi que en 1971 fue un éxito en Brasil, tanto en la voz del dúo como en la de Maria Creuza.
Los acordes no tenían nada de cubano, y la primera reacción de Celia fue negarse: «Ay, Willie, yo no puedo cantar eso». Colón le pidió que la cantara como cantaba todo lo demás, sin prestar atención a lo que hacía la orquesta. El resultado fue «Usted Abusó», la canción que abre Only They Could Have Made This Album y que, según el productor, ayudó a sacar a Celia del molde de sus años con la Sonora Matancera.
La química se repitió en Celia y Willie (1981), un segundo encuentro a dúo que confirmó que la cantante cubana y el trombonista del Bronx se entendían por encima de cualquier diferencia de generación.
«Usted Abusó» abre Only They Could Have Made This Album (1977). En los créditos del disco, Colón figura como productor, arreglista y corista, además de tocar la trompeta baja.
Un gigante de dos cabezas
Ese mismo 1977, Colón publicó Metiendo Mano! junto a Rubén Blades, un compositor panameño que escribía canciones de ocho estrofas. Venían de mundos opuestos, y Colón lo contaba sin rodeos: él era el muchacho de los zapatos agujereados y tapados con cartón; Blades se había graduado en la universidad. Aun así, Colón se consideraba el único lo bastante loco para decirle: «Bueno, intentémoslo».
La sociedad fue tan fértil como tormentosa. De ella salió Siembra (1978), uno de los álbumes que cambiaron la música latina, que arranca con «Plástico», una canción que empieza con un ritmo de música disco antes de transformarse en salsa. En 2024, Rolling Stone lo colocó en el primer puesto de su lista de los 50 mejores álbumes de salsa de todos los tiempos. Colón comparó aquella dupla con un gigante de dos cabezas que debía someter cada decisión a votación, pero siempre sostuvo que lo que hicieron juntos superaba lo que cada uno logró por separado.
Cuando el Público Pedía Otro Cantante
Después de Lavoe y de Blades, Colón hizo algo que nadie le pedía: cantar él mismo. Al principio, contó, el público le preguntaba desde la pista dónde estaban Héctor y Rubén. Él tampoco se consideraba un gran cantante, pero tenía olfato para las canciones.
La canción que siempre faltaba
Además, al terminar un disco solía sentir que faltaba una canción. Le pasó con Solo, uno de sus primeros álbumes como cantante: según sus cuentas, un disco costaba entonces unos 20.000 dólares y aquel, con cornos franceses incluidos, le costó cerca de 175.000. Cuando escribió el tema que faltaba, el presupuesto apenas alcanzaba para un fliscorno y una flauta. «Sin Poderte Hablar» terminó siendo el gran éxito del álbum, una de esas historias de grabación que cambian el destino de un disco.

Lo mismo le ocurrió en 1989 con «El Gran Varón», del panameño Omar Alfanno, que entró a último momento en Top Secrets, su disco de ese año.
Brasil, otra vez
Para Fantasmas (1981) grabó «Oh, ¿Qué Será?», el éxito que Chico Buarque había lanzado en 1976, y antes de entrar al estudio hizo lo que hacía cada vez que se acercaba a un estilo ajeno: leer. Esta vez el libro fue Agua viva, de la escritora brasileña Clarice Lispector, del que dijo: «No es literatura. Es flujo de conciencia».
Para Rolling Stone, aquella grabación, con coros femeninos y cuerdas, marca el comienzo del sonido de la salsa romántica. Según Colón, el disco vendió unas 350.000 copias solo en Venezuela, una cifra inédita entonces, con un repertorio lleno de guiños a la música popular brasileña.
Fantasmas ocupa el puesto 23 en la lista de los 50 mejores álbumes de salsa de Rolling Stone, que incluye cuatro discos de Willie Colón.
El bolero que le cantó a su abuela
En 1993, junto al director musical Ángel «Cucco» Peña, grabó «Idilio», una adaptación de «Deseo», un bolero que el puertorriqueño Alberto «Tití» Amadeo había compuesto en Nueva York en los años treinta. La canción era un homenaje a su abuela. En el concierto con el que celebró sus 50 años de carrera en el Bronx, lo dijo así: «Mi abuela adoraba a Puerto Rico y yo adoraba a mi abuela, y si le canto a Puerto Rico, le canto a mi abuela».
Esta versión de «Idilio» se grabó en vivo en 1993 en el Coliseo Roberto Clemente de San Juan, el año en que salió Hecho en Puerto Rico.
Una placa de sheriff y un verso de Bad Bunny
En 2004, la Academia Latina de la Grabación le entregó su Premio a la Excelencia Musical. El giro más inesperado, sin embargo, no tuvo que ver con la música: en 2014, a los 64 años, «el Malo» se graduó en la academia de policía del condado de Westchester y juró como ayudante del sheriff, un cargo en el que llegó a teniente adjunto sin dejar los escenarios.
En 2025, Bad Bunny devolvió su nombre a una generación que no había nacido cuando salió El Malo. «NUEVAYoL», la canción que abre Debí Tirar Más Fotos, lo menciona en su primer verso con un guiño a aquel apodo de juventud, y el homenaje fue más allá de la letra: Colón hizo una breve aparición en el video de la canción.
La noche del 21 de febrero de 2026, horas después de que se conociera su muerte, a los 75 años, el puertorriqueño se detuvo en pleno concierto en São Paulo para despedirlo: le deseó descanso en paz en nombre propio y de su banda y le envió fortaleza a su familia.
Willie Colón en el Desafío: Cuatro Pistas Compartidas
En el desafío diario de Musinauta, cada artista se identifica con seis pistas fijas: Estilo, Origen, Debut, Miembros, Género y Popularidad. Estas son las cuatro que mejor describen a Willie Colón:
- Estilo: Tropical, la categoría del juego que agrupa la salsa junto a ritmos como el merengue, la bachata y la cumbia.
- Origen: Estados Unidos. Aunque su música esté atravesada por Puerto Rico, nació en el Bronx, y así figura en el juego.
- Género: masculino.
- Miembros: solista.
Esas cuatro pistas, sin embargo, no alcanzan para identificarlo, porque las comparte con otros solistas tropicales nacidos en Estados Unidos, como Marc Anthony, Romeo Santos y Prince Royce.
💡 Clave estratégica: la pista que marca la diferencia es el Debut. La carrera discográfica de Colón empezó a fines de los años sesenta, más de dos décadas antes que la de cualquiera de ellos. Y si la pista de Miembros indica un grupo tropical, conviene pensar en Aventura, referente indiscutido de la bachata.
Dicho de otro modo: si las pistas apuntan a un solista tropical estadounidense que debutó en los sesenta, el trombón del Bronx ya está sonando.
Preguntas Frecuentes sobre Willie Colón
¿Quién fue Willie Colón?
Nacido en el Bronx en 1950 como William Anthony Colón Román, Willie Colón fue un trombonista, compositor, cantante y productor estadounidense de raíces puertorriqueñas. Fue una figura central de la salsa neoyorquina dentro de Fania Records y grabó junto a Héctor Lavoe, Rubén Blades y Celia Cruz.
¿Por qué a Willie Colón le decían «el Malo»?
El apodo de Willie Colón viene de El Malo, su primer disco, de 1967. Fania Records atribuye el sobrenombre a músicos veteranos que dudaban de su técnica con el trombón, mientras que Colón lo relacionaba con su papel de protector de su abuela, su madre y su hermana.
¿Cuándo murió Willie Colón?
Willie Colón murió el 21 de febrero de 2026, a los 75 años, según anunció su familia. Su misa fúnebre se celebró el 9 de marzo de ese año en la catedral de San Patricio, en Manhattan.
¿Cómo se conocieron Willie Colón y Héctor Lavoe?
Antes de trabajar juntos, Héctor Lavoe y Willie Colón lideraban orquestas rivales en Nueva York. Johnny Pacheco, cofundador de Fania, los convenció de unirse para el disco El Malo (1967): Lavoe aceptó grabar un solo álbum y terminó cantando con Colón durante ocho años.
¿Qué discos hicieron juntos Willie Colón y Rubén Blades?
Rubén Blades y Willie Colón debutaron como dupla con Metiendo Mano! (1977) y al año siguiente publicaron Siembra (1978), el álbum que encabeza la lista de Rolling Stone de los mejores discos de salsa. Su colaboración unió las letras narrativas del panameño con los arreglos y la producción del trombonista.
¿Qué canciones grabó Celia Cruz con Willie Colón?
«Usted Abusó», versión de un tema brasileño de Antônio Carlos y Jocafi, es una de las canciones más recordadas de Celia Cruz con Willie Colón. Forma parte de Only They Could Have Made This Album (1977), y la pareja volvió a reunirse en Celia y Willie (1981).
¿De dónde viene la canción «Ché Ché Colé»?
Una canción infantil tradicional de Ghana, conocida como «Che Che Koolay», está en la raíz de «Ché Ché Colé», el tema de Willie Colón y Héctor Lavoe incluido en Cosa Nuestra (1969). Su versión salsera se convirtió en el mayor éxito de ese disco.
¿Quién compuso «Idilio», de Willie Colón?
Alberto «Tití» Amadeo, compositor puertorriqueño, escribió en los años treinta el bolero «Deseo», que es la base de «Idilio». Willie Colón y Cucco Peña grabaron su versión en 1993, y Colón la dedicó a la abuela que lo crio.
¿Qué relación tiene Bad Bunny con Willie Colón?
Bad Bunny nombra a Willie Colón en «NUEVAYoL», el tema inicial de Debí Tirar Más Fotos (2025), con una referencia a su apodo de «el Malo». Colón participó brevemente en el video, y cuando murió, en febrero de 2026, el puertorriqueño lo homenajeó en pleno concierto en São Paulo.
Trombones en las Escalinatas de San Patricio
Según su familia, Willie Colón había pedido en vida que su funeral se celebrara en la catedral de San Patricio, en Manhattan, y así se hizo el 9 de marzo de 2026. Durante la misa, el obispo auxiliar Joseph Espaillat, radicado en el Bronx, contó que de niño había conocido el trombón escuchando «El Día de Mi Suerte», una de las canciones que Colón grabó con Lavoe. Uno de sus hijos, Diego, enumeró todos los personajes de su padre: el Malo, el salsero, el compositor, incluso el sheriff. Para la familia, dijo, era simplemente papá.
Cuando sacaron el féretro de la catedral, un grupo de trombonistas tocó el riff de «La Murga», y cientos de personas se quedaron en las escalinatas. Fue una despedida a la medida del niño de la calle 139 que eligió el trombón por un solo ajeno, que construyó su orquesta alrededor de dos trombones y que terminó despedido por el instrumento que convirtió en su voz.
Entre los artistas más influyentes de la música latina, el de Colón es de los sonidos que se reconocen en apenas unas notas. Si conoces a alguien que creció con «La Murga» sonando en casa, compártele esta historia.

Y si quieres comprobar si reconocerías a un artista solo por sus pistas, el desafío de hoy te espera.

